Si bien es cierto que vivimos momentos difíciles en todo sentido, ello no debería ser motivo para aprovecharse de la situación donde los más golpeadas son las familias vulnerables de nuestra ciudad y región.
Las familias vulnerables siendo aquellas que viven del día a día, que han perdido trabajos formales, labores temporales con un ingreso mensual fijo, o que teniendo actividades económicas privadas las mismas no rinden y están al borde la quiebra.
Dentro de este grupo humano se encuentran también los niños, niñas, adolescentes, adultos y adultos mayores, que dependen de un o una cabeza de familia que ha fallecido a causa del coronavirus y se han quedado sin aquel respaldo.
Ellos son los más afectados de la especulación salvaje de precios que viene experimentando nuestra ciudad y toda la región en general.
Diremos que es el momento en que la ciudadanía tendría que tomar sus medidas de respuesta y la misma sea una forma de ejercer presión para que los precios se regulen.
Cómo hacerlo? Primero podría ser replanteando nuestros hábitos de consumo, por ejemplo, de tal forma que disminuyamos el consumo de aceite y así la botella nos durará más tiempo.
Similar replanteo de uso con otros productos como el azúcar, y así hacer que nuestra alimentación se vaya volviendo más cercana al concepto de alimentación saludable, para lo cual nosotros también tenemos varias alternativas como las comidas “pangos”, y otros.
Aparte, es importante que las autoridades correspondientes vean la forma de ponerle un pare a la especulación salvaje de productos, principalmente los alimenticios. El libre mercado no implica libertinaje de precios, eso es inconstitucional y por lo tanto debe ser sancionado.
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