Hace cien días que empezó una nueva agresión fatal en el mundo. Se trata del país de Ucrania, como casi todo el mundo ya sabe está siendo atacada militarmente por Rusia que en términos generales podemos decir que ha invadido por la fuerza de las armas territorios ucranianos que considera suyos, se los arrebató.
Pero, la guerra continúa y la información que nos llega desde la zona por diversos medios señalan que la misma continuará por no se sabe cuánto tiempo más, pero que llegará a afectar a muchos países del mundo, por no decir en la práctica a todo el planeta, de alguna forma directa e indirecta.
De su lado, la Unión Europea está preocupada por Ucrania y le vienen brindando ayuda, que no es suficiente frente a la agresividad de Rusia que mata de 60 a 100 soldados a diario, con más de 4 mil víctimas mortales y más de 7 millones de gente que ha salido del país en busca de protección.
Las imágenes que llegan vía satélite desde la zona son desgarradoras, es inconsolable, que en medio de lágrimas apenas atinamos a decir, Dios mío, por qué tiene que seguir pasando, claro que creemos en ti, pero no es un reclamo, solo un ruego que con tu poder logres que en todo lugar donde haya guerra y muertes, regrese la paz de alguna forma y cambie este escenario fatal.
Una reportera desde la zona con los ojos húmedos y tratando de no quebrarse, señalaba lo horrible que significa la vida para la población civil, donde ya se viene denunciando torturas y violaciones sexuales a mujeres y niños por parte de miembros del ejército ruso. ¿Será posible tanta crueldad?
Son los conceptualizados como los crímenes de guerra cuyos expedientes con testimonios y pruebas ya vienen siendo reunidos para que se presenten las denuncias penales, que también no tiene tiempo de duración porque generalmente son procesos judiciales internacionales que duran años.
Cómo entender tanta ambición de territorios, cómo entender las guerras frías por poder económico, cómo entender que nada material de la tierra se llevará después de la muerte física, cómo entender que se prefiere el infierno en la tierra en lugar de abrir paso a miles de paraísos para la humanidad, pero, el pasado y el presente nos delata, somos una raza de maldad y bondad.
Qué una luz astral o celestial nos salve. Nuestra sociedad planetaria está total contaminada. Aunque nos queda seguir poniendo granos de arena y realizar acciones por la pacificación. Queda la esperanza, siempre.
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