Desde que hace varias décadas se inició con grupos electrógenos la electrificación rural en los pueblos de la región, hubo algarabía por el desarrollo que se vislumbraba al tener la luz artificial en horas de la noche.
Había una sensación de progreso, ya se podía realizar actividades sin el uso de lamparines, mecheros, linternas y otras formas de iluminación menos efectivas que los focos y lámparas que se empezaron a usar.
Se iluminaban las asambleas del pueblo y las reuniones sociales, que en horas de la “nochecita” como decimos en la región a las primeras horas del oscurecimiento del firmamento, mientras que el finaciamiento del combustible para el motor se compensaba con el apoyo municipal.
Como iban aumentando los pueblos electrificados el apoyo edil iba disminuyendo, puesto que el presupuesto se resdistribuía, entonces empezaron los problemas para autofinanciar hasta la actualidad, los motores.
Es sabido que la electrificación también trajo consigo el mayor uso de radios, televisores, congeladores, “frishis” (refrigeradoras), etc, pero, pero, el bendito combustible por lo costoso ha sido y sigue siendo una barrera.
En el tiempo ya no solo es un tema problema de los habitantes de los pueblos, sino, un reto a superar en las instituciones educativas porque con el uso necesario y hasta obligado de los equipos de cómputo, urge contar con un motor o grupo electrógeno.
Ahí surge el planteamiento que los equipos cuenten con un sistema de uso de la energía solar para que funcionen, lo que es más económica para los escasos recursos monetarios, hasta que haya una política de Estado que también garantice este tipo de implementaciones en los colegios que lo necesiten. Eso también es dotar de calidad.
Energía solar
Date:





