POR: JUAN SOREGUI VARGAS.
En la actualidad es difícil, por no decir imposible, cambiar el sistema que domina al mundo. Los intelectuales de aquí y de allá, interesados y desinteresados, dicen que es necesario cambiar este sistema en que vivimos, con una corrupción galopante, con falta de solidaridad, de angurrias, de exclusiones sociales, de manejo de clanes o familias o fraternidades, sin dar oportunidad. Sólo hablan y hablan, citando frases ya expresadas por otros, especialmente por los líderes de otros países lejanos, pero, sin dar el ejemplo con su praxis.
En esencia, todos estamos incluidos en este sistema, de una u otra manera. Y, por lo tanto existe el miedo de perder lo que se ha obtenido en cosas materiales, como una casa, un auto, una moto, es decir un status de consumo para vivir cómodamente con el sueldo que nos da el mismo sistema del cual la mayoría no estamos de acuerdo en nuestro fuero interno. Podemos mencionar de manera general a personas que ganan buenos sueldos en instituciones en donde, ellos lo afirman, se han cometido irregularidades y no les gusta el nuevo gobernante o gobernantes por ser autores de estos actos; sin embargo, no renuncian a sus sueldos, a sus viajes, a sus viáticos. Es decir con sus actitudes están avalando la autoridad seleccionada.
Un ejemplo en otros lares es lo que le ocurrió a Truman Capote, el autor de «A sangre fría» Capote, un genio querido por los ricos y la sociedad del cine , se animó a ir contra el sistema en que vivía; confiado en sus amigos de estos grupos y la fama y dinero que tenía, se animó a publicar una entrevista a la mujer de un famoso artista de Hollywood: «Y el viejo Kennedy, sinvergüenza, se metió en mi cuarto a las 6 de la mañana. Me tapó la boca y me violó» Los amigos de la mujer y de Capote, los ricos, los borraron de su lista de amistades y los desaparecieron a medias. Otra entrevista hecha a Marlon Brando, fue su tiro final, cuando el actor que representa a don Corleone le comentó que su madre fue alcohólica. Brando lo enjuició, aunque Capote no fue sancionado por la justicia por el reportaje hecho en base a las declaraciones, los amigos ricos de Brando y de él, lo mataron socialmente. Le cerraron puertas y ventanas. Un hombre acostumbrado a las multitudes, como Capote murió llorando por su exilio, triste, solo y abandonado. Ni sus amantes (era un gay con maridos declarados) lo quisieron acompañar. Dicen que Truman le comentó a la señora que le dio albergue en la Costa Oeste de los Estados Unidos de Norteamérica que fue un error enfrentarse al enorme poder del sistema.
Pero, existe otro sistema que va creciendo en Iquitos que se refiere a la inseguridad ciudadana, en la que están incluidos, desde autoridades hasta los rateros y asesinos. Un pequeño ejemplo es de esta horda de arrancadores al vuelo de carteras, canguros y otras prendas que llevan los ciudadanos y ciudadanas en sus brazos cuando manejan motos. En las redes sociales ha salido publicado la muerte de una joven que cayó en el piso de cemento de estas calles de Dios, cuando fue jaloneada por unos jovenzuelos montados en una moto; otras más han seguido la misma suerte, ¿Dónde están las autoridades que nos prometieron seguridad ciudadana? No hay. Son cómplices de estas muertes de gente inocente. En algún momento, estoy seguro, si esto sigue así, se formarán grupos de vigilantes que tratarán de hacer justicia por propia mano. Hay mucho dolor y resentimiento, porque si estos jóvenes fueron atrapados o son atrapados y si son soltados por un sistema judicial benigno, la gente resentida, tratará de aplicar la ley del talión. En tanto llegue el momento en que las autoridades se conmuevan y apliquen un moderno plan de seguridad ciudadana, las potenciales víctimas, tienen que cuidarse: no andar con carteras colgadas en los brazos, nada de canguros que vean los ladrones y asesinos, en lo posible esconder en el fondo de sus motos sus maletines, esconder las mochilas de sus niños, es decir no mostrar lo que tienen para que no sean presas de estos delincuentes que están dejando dolor y lágrimas en muchas familias loretanas. Mirar a todos los lados antes de salir y cuando están en camino. No distraerse. No andar con tremendas mochilas y cuando sientan el jaloneo dejar que se lo lleven, la vida vale más de lo que transportas en ese equipaje, especialmente la vida de los niños y acompañantes que llevas de pasajeros. Aunque me maten socialmente tengo que hacer esta nota que mancha con la sangre de inocentes a las autoridades de toda esfera.





