- Viaje internacional número 16 a Georgia y Azerbaiyán:
Por: Adolfo Ramírez del Aguila.
Docente de educación secundaria
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El papa Francisco acaba de visitar –del 30 de setiembre hasta ayer 02 de octubre– a dos países de la región del Cáucaso: Georgia y Azerbaiyán (zona geográfica de puente entre Europa y Asia). Estos países, ex repúblicas de la desintegrada URSS, se separaron casi inmediatamente a la caída del Muro de Berlín (1989) en circunstancias que la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticos, liderados por Rusia, se desintegraron.
Georgia y Azerbaiyán, dos pueblos muy antiquísimos con mucha tradición y cultura milenaria; sin embargo, por su lejanía al centro de Europa, son catalogados geográfica y hegemónicamente como países periféricos no merecedores de integrar la Unión Europea.
A estos pueblos de poca gravitación en el escenario internacional, llegó al papa latinoamericano. Su visita no causó mucha atención en los medios internacionales. Seguramente cuando visite a nuestro país, ojalá sea muy pronto, se dará similar situación, pues las zonas amazónicas andinas peruanas hacen noticia solo cuando sucede un desastre natural o un golpe de estado. Georgia y Azerbaiyán son países que habitan zonas montañosas, verdaderas fronteras naturales entre Europa y Asia.
Tan importante es la geografía de estos pueblos apartados, que Francisco en uno de sus discursos en Georgia, dijo: “La Patria es como un icono que define la identidad, traza los rasgos y las huellas de la historia, mientras que las montañas, elevándose libres hacia el cielo, en vez de ser una muralla infranqueable, dan esplendor a los valles, las diferencian y las coloca en relación, haciendo a cada una diferente de la otra y todas asociadas con el cielo común que las cubre y las protege.”
La visita internacional número 16 de Francisco, completa el periplo a un sector territorial determinado, en este caso la región del Cáucaso, cuando el pontífice visitó a la vecina Armenia el pasado mes de junio. Es interesante resaltar, que el catolicismo en estos dos países que acaba de visitar el papa, no llega ni al 1% de su población; en estos pueblos, predomina la antigua iglesia ortodoxa (en Georgia) y la mezquita musulmana (en Azerbaiyán). Por lo tanto, el papa católico no logró grandes concentraciones en sus actividades oficiales, como es habitual en sus visitas pastorales, pero sí aprovechó para proclamar un mensaje de paz, unidad y reconciliación, diálogo inter-religioso e inter-cultural, tópicos que no interesa mucho a los centros de poder mundial, acostumbrados a imponer sus creencias religiosas y sus recetas económicas.
Esta zona de Europa del Este, atraviesa momentos de tensa paz, que muchas veces hacen noticia cuando se dan cruentos enfrentamientos territoriales, étnicos y hasta religioso; en tal contexto, uno de los momentos más emotivos de esta visita fue cuando en Tiflis, capital de Georgia, el papa hizo una oración por la paz junto a una capilla en la parroquia de San Simón Bar Sabbae:
“Señor Jesús, une a tu cruz los sufrimientos de tantas víctimas inocentes: los niños, los ancianos, los cristianos perseguidos; envuelve con la luz de la Pascua a quienes se encuentran profundamente heridos: las personas abusadas, despojadas de su libertad y dignidad; haz experimentar la estabilidad de tu reino a quienes viven en la incertidumbre: los exiliados, los refugiados y quienes han perdido el gusto por la vida…”
En otra parte de esta hermosa oración, el sucesor de Pedro elevó al cielo una plegaria especial por el colindante Medio Oriente: “Señor Jesús, extiende la sombra de tu cruz sobre los pueblos en guerra: que aprendan el camino de la reconciliación, del diálogo y del perdón; haz experimentar el gozo de tu resurrección a los pueblos desfallecidos por las bombas: arranca de la devastación a Irak y Siria; reúne bajo la dulzura de tu realeza a tus hijos dispersos: sostén a los cristianos de la diáspora y concédeles la unidad de la fe y del amor…”
Una súplica, profundamente arraigada en la cruda realidad, una oración que grita al cielo con los pies en la tierra, sin formulismos ni esquemas preestablecidos; un canto profundo a la vida, que nace de las situaciones concretas del hombre y su entorno concreto. Rezar el Padre Nuestro, el Ave María o el Santo Rosario en estos lugares no católicos, sería una impertinencia pastoral.
Hacemos votos, para que estos viajes pastorales no proselitistas del papa, ayuden a los ciudadanos de estos pueblos a construir un mundo orientado hacia la felicidad integral, sobre la base de la construcción diaria del bien común a pesar de las diferencias de todo tipo; y que por sobre todas las divergencias, prime la lucha por la defensa de la vida, la construcción de la justicia, la tolerancia religiosa y el reinado de la paz social. Amén.




