El juego no es perder el tiempo en el aula, el juego es una estrategia de aprendizaje

niños dibujoPor: Mónica Giovana Coronado Carrión

Muchas veces me han comentado, colegas y otras personas: El nivel Inicial es lo más fácil que existe en el proceso de educación básica regular, pues los niños sólo van a jugar al jardín y no tienen mayor trabajo que hacer en el aula. Como educadora me he preguntado: ¿Es malo que un niño vaya a jugar al jardín? ¿Por qué las personas creen que el juego no es una forma de adquirir aprendizajes? ¿Será que ellos nunca fueron niños? ¿O es que caso, siéndolo en algún momento, NUNCA jugaron? Considero que quizá las personas no han adquirido una verdadera conciencia del significado y la importancia del juego en los niños de edad preescolar y es por ello que consideran que el jugar para los niños es una forma de perder el tiempo en el aula.
El juego es el recurso educativo por excelencia para la infancia. El niño se siente profundamente atraído y motivado con el juego, cuestión que todos los educadores debemos aprovechar para que de esta manera podamos plantear de manera estratégica nuestra enseñanza en el aula. Nos corresponde a los educadores contribuir a la formación de la personalidad del niño a través de distintos juegos funcionales que coadyuven a que el niño logre adquirir y desarrollar de manera íntegra su coordinación psicomotriz, el perfeccionamiento sensorial y perceptivo, su ubicación en el espacio y en el tiempo. Todo ello exige un ambiente propicio no sólo en la clase, sino también dentro del entorno familiar. Este ambiente requiere espacios, tiempos, material (no sólo juguetes, sino otros recursos) y la presencia de algún adulto conocedor de su papel.
Al considerar al juego como una actividad fundamental y estratégica para el logro de aprendizajes de los niños, éste se sitúa en el centro del currículo y desde allí se debe proyectar su utilización en los diversos momentos del proceso educativo. Desde ese punto de vista, el educador debe proponer formas particulares de participación del niño o la niña, siempre bajo un criterio de intencionalidad, diferenciando el juego como actividad educativa en sí misma, de la utilización de procedimientos lúdicos para elevar el tono emocional o  para motivar una actividad didáctica dirigida al tratamiento de los contenidos de enseñanza que se incluyen en el proceso de aprendizaje.
El juego de roles en los niños y niñas toma una importancia considerable pues se la  define como una forma particular de actividad de los niños, que surge en el curso del desarrollo histórico de la sociedad y cuyo contenido esencial es la actividad de los adultos, sus acciones y relaciones personales. Esto significa que no es la manifestación de instintos hereditarios, sino un producto socialmente adquirido.
Nuestro rol como maestros debe ser el de animador – estimulador del juego o incluso el de un jugador más. Si nos queremos convertir en «directores» del juego, en personas «adultas y serias», que mandan, organizan y disponen, jamás lograremos un clima favorable y de aceptación, donde el niño se exprese de manera autónoma y libre mediante el juego. Ello tampoco quiere decir que debamos dejar a nuestros alumnos solos, sino que debemos orientarlos, darles ideas y animarlos, con el propósito de que, en sus períodos de juego, los niños encuentren en su maestro a alguien al que pueden acudir y se convierta en un amigo más.
El maestro debe procurar desarrollar una serie de actitudes positivas en su papel de animador del juego. Debe adquirir una posición de discreción y hábil observador y conductor del juego, descubriendo las actitudes y capacidades del niño, el maestro cuando se encontrare frente a una acción incorrecta del niño durante el periodo del juego y en todo momento, deberá emplear las estrategias adecuadas para hacer notar al niño que su accionar no fue el correcto; siempre teniendo en cuenta de no llamarle la atención en público, ni menos avergonzarlo o ridiculizarlo frente a sus compañeros de clase.
No pensemos que nuestros niños al jugar en las aulas pierden el tiempo, pensemos que a través del juego el niño va a desarrollar una serie de habilidades motoras, socio-afectivas, cognitivas y físicas que le permitirán adquirir la suficiente madurez emocional y afianzar el desarrollo de la personalidad, padres dediquen un tiempo a jugar con sus hijos en casa, todo ellos les hará personas mucho más seguras, alejen de su mente la palabra: NO TENGO TIEMPO, y hagan que sus hijos también sientan su presencia en casa y que no los vean como simples extraños que sólo entran y salen de su casa sin dejar huellas de una verdadera atención, comprensión y amor. Complementen en casa la labor de la educadora en el aula, trabajen de la mano con ella, interésense más por las actividades de sus hijos y todo ello logrará mejores resultados en sus aprendizajes y permitirá que adquieran un verdadero equilibrio emocional.