No hay duda, los malos ejemplos son generadores de todas las desgracias que nos da la vida. Tomar un mal ejemplo es ponerse la camiseta del inconforme, del desesperado que está dispuesto a cualquier cosa con tal de hacerse de algo a costa de exponerse a ser arrestado o puesto preso, por lo ilegal de su actitud.
Eso es lo que estamos viendo en estos últimos días. Las invasiones se están dando todos los días. La última fue la invasión a los terrenos del ex recreo La Carmencita, de propiedad de la Fuerza Aérea del Perú, ubicada en la zona de Santo Tomás.
La invasión tuvo breve vida. Un numeroso grupo de policías y el fiscal desalojaron rápidamente a los que pretendían tomar posesión de algo que nunca han debido echar ojo, porque con la fuerza armada no se juega.
Pero lejos de deponer su actitud equivocada, ahora están amenazando con invadir un terreno de una empresa donde se cultivan flores ornamentales que se exporta a Lima, lo que sería un gravísimo atentado contra la propiedad privada.
Otra piedra en el zapato es que cansados de ver a un dirigente que estaba vendiendo terrenos de áreas verdes, los propios vecinos han invadido los predios conocidos como el triángulo que se ubica en la cuadra 23 de la avenida La Participación, no como algo definitivo, sino para hacerle ver al dirigente que no están de acuerdo en que las áreas verdes que les corresponde, se destine a viviendas.
Sorprende la inmediatez con que se ha actuado en el desalojo del terreno de la FAP, ante la pasividad con que se está tratando la invasión de los terrenos del INIA dedicados a la investigación científica.





