Por: José Álvarez Alonso
Ipirawira es el nombre kukama del bufeo colorado o delfín rosado. Así se denomina un nuevo grupo de manejo en la comunidad San Martín de Tipishca, en la boca del río Samiria, Reserva Nacional Pacaya Samiria. Este grupo ha estado últimamente manejando fibras naturales con apoyo de la Asociación Amanatari, de la Jefatura de la Reserva y el SERNANP. El grupo tiene 20 socios, 13 mujeres y 7 varones. Desde el inicio mostraron un compromiso e iniciativa que nos sorprendió a todos. Fueron los más activos en sus tareas de manejo y recolección de fibras naturales, en el marco del “acuerdo de actividad menor” aprobado por el SERNANP. Los miembros del grupo fueron activos participantes en el taller de educación financiera que Amanatari realizó en la comunidad de S. Martín de Tipishca esta semana, en alianza con CEDRO.
Parte del dinamismo de este grupo se debe sin duda al liderazgo de don Segundo Lomas, su presidente. Siempre pendiente, activo, adelantándose a las fechas límite, sea las actividades de manejo, para la cosecha, o para la entrega de los informes al SERNANP. Me impresiona el liderazgo de don Shego, como le conocen los amigos, no solo en su grupo y en su comunidad, sino en su familia. Su casa es un ejemplo de diversificación financiera. Tiene un pequeño negocio con un Starlink que sirve a la comunidad: pagando el módico 1 sol tienen acceso ilimitado por un día. Entre 20 y 30 personas usan el servicio diariamente. También tiene un negocito de venta de refrescos, de “curichis” y “adoquines” (especie de sorbetes en vasito), todo de frutas nativas de la reserva: aguaje, sinamillo, huasaí, camu camu, uvos, etc.
Más impresionante es su bodeguita, dividida en tres niveles: una parte es la venta de don Shego y su esposa, Janeth. Ahí venden artículos varios para el hogar. Otro nivel es la venta de artículos escolares y de escritorio, de su hija Carol, que estudia administración de negocios en el IPAE de Iquitos; con esa venta se ayuda para pagar sus estudios. El más sorprendente es el tercer nivel: le pertenece a Matías (11) y Julia (9). Hace unos meses Julia le pidió a su papá una bicicleta, y Matías una lap top. Don Shego entonces les dijo:
- Hija, no tengo para comprarte la bici, y menos una lap top para ti, Matías, pero les puedo ayudar con un préstamo en dulces (caramelos, galletas, etc.) para que pongan su propia venta y vayan ahorrando su platita.
Ya la tienen montada y de momento les va bien. El préstamo viene con la yapa de la educación. Hace unos días Julia le dijo a su papá que quería comer un caramelo tofee de su ventita. Segundo le dijo: - Piensa bien, hijita, es tuya y puedes hacerlo. Pero si comienzas a comer los caramelos de tu negocio, la compra de la bicicleta va a demorarse cada vez más, porque estás gastando la plata de tu ganancia. Decide si quieres comer caramelos o si quieres tener la bicicleta más pronto.
La niña se quedó pensando un ratito y le dijo: - Papi, prefiero tener la bicicleta más pronto.
Y el tofee se quedó en su sitio.
Estas lecciones son valiosísimas para unos niños a esa edad. Y especialmente en la Amazonía, donde en concepto del ahorro, tal como se entiende en el mundo moderno, es bastante ajeno a las culturas tradicionales. Y no es porque no existiesen bancos: es que por miles de años no había forma de “ahorrar” (productos o animales, por ej.) con un clima tan tórrido una humedad relativa de más del 90 %, donde se pudre todo en pocos días o pocos meses. Y donde además no existen cultivos de granos o tubérculos que se puedan conservar por largo tiempo, a diferencia de regiones como los Andes o la Costa peruana, donde granos y tubérculos andinos se pueden conservar por años.
Es bien conocido el “experimento de los marshmallows”, impulsado por el Prof. Walter Mischel en la Universidad de Stanford: se le ofreció a un grupo de niños un marshmallow y se les dio la opción de, o bien comerlo inmediatamente, o esperar a que el investigador regresara, en cuyo caso podían obtener dos dulces. A los niños se les hizo seguimiento en sus etapas posteriores, juvenil y adulta. Los resultados demostraron que los niños que elegían esperar a recibir la segunda recompensa tenían mejores resultados académicos y logros sociales en la vida adulta.
Cabe resaltar que el modo de “ahorro” tradicional de las comunidades indígenas amazónicas ha sido el mecanismo de la “reciprocidad”: yo comparto contigo cuando pesco, cazo o cosecho algo en abundancia, y el otro día haces lo propio conmigo. Es decir, no ahorran en plata ni en alimentos almacenados, sino en relaciones. Esas redes de relaciones en las comunidades se convierten en una especie de seguro para las familias.
El problema viene cuando las comunidades se vinculan con el mercado y aparecen de forma creciente gastos que requieren dinero. Ahí el choque cultural a veces resulta brutal, y muchos no se llegan a adaptar bien. Por eso son tan importantes experiencias como las de Don Shego, quien además trabaja intensamente en su comunidad por recuperar y mantener la cultura Kukama. Los cambios se producen cuando hay ejemplos de éxito que inspiran a otros.





