El anuncio del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP) de distribuir 14 mil plantones de camu camu en Loreto llega como una buena noticia, pero también como un recordatorio de cuánto se ha postergado el impulso real al agro amazónico. No basta con entregar plantas: el problema ha sido siempre la falta de continuidad en las políticas.
La iniciativa apunta en la dirección correcta al apostar por genética mejorada y producción sostenible. Sin embargo, el Estado suele quedarse en el primer paso: entrega insumos, pero no garantiza mercados, asistencia técnica constante ni acceso a financiamiento.
Además, depender del transporte fluvial y de condiciones climáticas revela una realidad persistente: la Amazonía sigue desconectada. Sin infraestructura adecuada, cualquier esfuerzo productivo queda limitado y expuesto a retrasos.
El discurso de sostenibilidad también debe ser vigilado. Si no se controla el uso de suelos, la informalidad y la presión económica, incluso cultivos como el camu camu pueden terminar replicando prácticas que afectan el entorno.
La clave no está en cuántos plantones se entregan, sino en cuántos proyectos logran sostenerse en el tiempo. Sin seguimiento real, esta iniciativa corre el riesgo de ser solo otra cifra más en el papel.





