La calificación que nos ha dado como país el Fondo Monetario Internacional –FMI, de haber tenido uno de los desempeños económicos más destacados en América Latina, o sea que estamos en crecimiento y reducción de la pobreza en las dos últimas décadas. Ojalá nos dijeran que en los dos últimos meses, y así que haya menos pobres en el tiempo más breve posible.
El gran problema ante este tipo de anuncios es que la población de extrema pobreza pareciera no detenerse, sino aumentar, mientras que ciertas estadísticas nos dan otro tipo de lecturas, que no coinciden con lo que vemos en las casas, en las calles, en los pueblos en general.
De qué crecimiento nos hablan? acaso de los fríos números de una estadística que nos deja halados como a los compatriotas de los sectores del país que hasta la actualidad no conocen de sistemas de calefacción populares, para afrontar las bajísimas temperaturas que los pone al borde de la muerte.
Tal vez tendríamos que ponernos de acuerdo sobre los criterios a tener en cuenta para definir qué es ser pobre y qué no. Como dice el FMI que se puso en relieve “la solidez de las reformas macroeconómicas y estructurales” del país. Correcto, hay cambios, pero éstos parece no tienen un efecto decisivo en la disminución del hambre, de mejoras en la salud, en la educación, en las condiciones laborales, como bases sólidas de desarrollo.
Recordemos solo el pasado reciente en cuanto el “chorreo económico” trajo la ilusión que los pobres de alimentos, salud, educación, trabajo y otros, iban a salir de esas condiciones inhumanas que se mantienen en el sistema. Porque si nos dicen que una medición de crecimiento económico es tener infraestructura moderna y hasta lujosa, ocupada por personas en condiciones decadentes. Casi nada hemos hecho. Y los cambios en materia laboral dado por el gobierno fujimorista sigue repercutiendo negativamente.
En ese sentido, estamos en error hace mucho, porque la realidad de los países del Fondo Monetario es distinta a la nuestra y ellos tienen otros criterios para medir su pobreza, y aplicarlos en sus informes técnicos sobre nosotros, no aciertan, porque están fuera de contexto. Esos moldes macroeconómicos que maneja el FMI son engañosos.
Y nuestros políticos gobernantes de turno pareciera que se alegran con los comentarios que hace este organismo mundial en sus informes económicos, que está conforme desde la visión que ellos tienen, pero no se ajusta a la realidad peruana. Seguimos en esa ilusión porque nos regimos de criterios importados y porque nuestras inversiones internas siguen torcidas, favoreciendo la corrupción. El pueblo merece una reforma total.
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