Por: José Carlos Rodríguez Nájar
Seamos honestos, claros y definitivos en el juicio sobre nuestros políticos, ¿son personas que han tomado conciencia de las posibilidades de cambio en nuestra región? ¿Tienen programas serios de desarrollo de nuestra olvidada Amazonía?
Los «programas» de los «movimientos» políticos son remedos o copias de otros grupos políticos que han tentado aludir a la realidad, y, copiando otras realidades sólo eluden sin llegar a convencer a nadie. La realidad empírica en la que vivimos cotidianamente es más beligerante que los discursos flojos, sin contenido (salvo de insultos e injurias de bajo y asqueroso nivel intelectual) que nos han acostumbrado los medios de comunicación. ¿Cómo levantar el nivel, cuando sus kits de inteligencia no llegan a superar la de un gorila? Frente a este paisaje malsano en que nos quieren acostumbrar ciertos políticos, hay un sinsabor oculto de nuestra población loretana, que cada vez se evidencia más en su comportamiento cotidiano, como la de pedir más claridad y menos embrollo en sus planes de desarrollo social, económico, cultural.
¿Quiénes de entre los candidatos hacen campaña enarbolando un claro programa de gobierno con proyectos de largo alcance y de verdadero desarrollo de nuestra región?
Nada más peligroso en una situación compleja como la que vivimos, el debate es de lisuras e infundios, con eso creen lograr la aceptación de la población. Necesitamos un candidato que nos hable de planes de gobierno durables como el agua y la electricidad, que nuestros productos puedan salir de nuestra región hacia otros mercados y viceversa.
Si somos los últimos en comprensión lectora, es el yerro de nuestros gobernantes, quienes no han logrado polarizar fuerzas suficientes para invertir en el campo de la cultura, en el libro, la edición, la música, el teatro. No tenemos una biblioteca popular ni centros de libre esparcimiento para la juventud.
Los politiqueros deben dejar de jugar con la hipotética «opinión pública» mediante el mecanismo perverso de las encuestas, cuyos resultados son difundidos con bombos y platillos como gran cosa, y, sólo sirve a confundir más la opinión de los pocos que leen.
Ya lo dijo el poeta argentino Jorge Luis Borges: «la democracia es un abuso de la estadística», mientras los pequeños y medianos empresarios aran la tierra y ven frustrado sus esfuerzos económicos, mientras que la población empobrecida va recibiendo las migajas de las campañas políticas que utilizan como empate para los votos electorales.
Que la indignidad no sea nuestro sustento.





