Sí, el gran público que esperaba un KO descalificador en la contienda verbal
entre los escogidos por el electorado para ir a la segunda vuelta electoral, quedó decepcionado pues pese a que ambos contendientes se esmeraban en anatemizar al contrario, la frase ingeniosa y en algún momento la hiriente, no llegaron a distorsionar el cauce de un debate que concluyó en un justo empate, pese a que los confaloneros de ambos movimientos, jugaban su partido aparte, adjudicándose la victoria en lo que se dio en llamar debate electoral.
En dicha cita apreciamos a una Keiko Fujimori desenvuelta y con una mirada agresiva, animados por una histriónica postura que en algún momento le sirvió para arranacar aplausos de sus seguidores apostados en las afueras del Hotel Marriott donde se desarrolló el certamen.
En contrario, al inicio del debate advertimos un Humala un poco desconcertado que fue asentándose casi de inmediato, cosa que sucedió cuando Fujimori trató de acorralarlo con acusaciones que en su momento ya habían sido esclarecidas judicialmente.
Esta parte fue la que abrió la espita que derramó acusaciones y anatemas entre ambos contendientes, dejando notar que la candidata ha logrado dominar el arte escénico, cuando ideó un arrebato de llanto que no llegó, cuando dijo que «no cargaría la cruz del gobierno de su padre».
Ollanta respondió con cierta ironía a las acusaciones en su contra, aunque cuando Fujimori lo mandó a debatir en la DIROES, su respuesta fue curiosamente impedida por la divulgación de un comercial.
En términos generales el tal debate dejó un sabor amargo en ciertos sectores del país, pues durante su desarrollo, hubieron grandes ausentes, sobre todo las regiones naturales del país, (costa, sierra y selva); para la cuales no hubo una sola mención durante la divulgación de los programas de desarrollo que ambos postulantes exhibieron.
Ahora sólo queda esperar el resultado de los comicios de junio (faltan cinco días), para saber si este debate fue determinante o no para solo uno de sus protagonistas, y determinar también hasta dónde influye el ánimo del elector este tipo de contienda verbal, donde un orador de fluido lenguaje y de prosa elegante y persuasiva, bien puede voltear una elección.





