La década del 60 en Iquitos todavía estaba marcada por la influencia europea y hasta brasilera cuando de ritmos del carnaval se trataba, con sus “cabasiñas” y “llisguetes” (como sonaba), y “talcos perfumados”, casi nada de grupos típicos con sus pandilladas y pocas húmishas.
Mientras que en navidad con total influencia europea se mostraban los nacimientos tradicionales que reflejaban otra realidad, sin un niño Jesús en su hamaca, en su tambo a la orilla del río, y con sus progenitores mestizos o de alguna etnia amazónica, y rodeado de floresta.
Pasando la década del 70 una nueva forma de mirar nuestra cultura se fue abriendo paso a través, de quién lo podría imaginar, un hombre de formación espiritual católico, sensible a los valores ancestrales y sus descendientes, así como a la naturaleza que era y es su razón de ser, empezó poco a poco a revalorarlo públicamente.
En Iquitos particularmente, estábamos medio anulados y casi avergonzados de nuestro pasado indígena. Fue el padre Joaquín García Sánchez, uno, sino, el principal promotor de ese recupero del orgullo y valoración de nuestras raíces culturales.
Habría mucho que escribir sobre su obra de muchos años y cómo a través de concursos, como de los Nacimientos Típicos Cristianos nos iban enseñando a querernos como raza y a reconocer que dentro de lo amazónico también éramos y somos diversos con diferentes pueblos indígenas dentro de un mismo territorio regional.
Y cómo también los concursos de pastorales fueron introduciendo indumentarias típicas e instrumentos musicales populares selváticos. Además, mostrando con orgullo al Manguaré, como valioso instrumento de comunicación entre pueblos indígenas dentro del bosque.
Era un nacido en España, pero con una enorme sensibilidad y humildad para reconocer grandes valores humanos en cada hombre y mujer del campo sea campesino o indígena, y lo hizo en un momento que la sociedad urbana de Iquitos miraba despectivamente, o no se sentía para nada identificada con lo indígena, más preferían resaltar su ascendencia de algún país extranjero. Él supo tratar a todos con respeto, quizás comprendiendo que no teníamos la culpa de tal aberración educativa que nos alejaba de nuestras valiosas raíces.
Joaquín García, se ha ido a la eternidad, y entre sus logros está que muchos de nosotros hayamos aprendido a reconocernos, amarnos y valorarnos como amazónicos. Así como a ver a Cristo en la mirada y sentimientos de todos, y adaptar su mensaje de amor a todas las realidades culturales de la selva. Eternamente agradecidos, que descanses en la paz del Señor, querido padre Joaquín.
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