Escribe: Ezequiel A. Alvarado Guevara.
Desde tiempos remotos, algunos hombres se dieron cuenta que en su ser se desarrollan funciones impresionantemente diferentes entre sí: luego concluyó que, en él, hay unidas tres sustancias, o cualidades. Además, las relaciones que guardan entre sí esas cualidades de su ser, es un misterio que no ha podido desentrañar todavía. En términos generales, esas tres cualidades diferentes del ser, son llamadas: cuerpo, mente y alma.
De esta trinidad concebida, el hombre ha tenido en menor estima a su cuerpo. De hecho, casi siempre lo ha desdeñado, pues sus religiones y filosofías le hacen someterlo con frecuencia renunciación y a la automortificación. En otras palabras, muchas veces el hombre niega al cuerpo sus necesidades y, lo que, es más, lo tortura.
En la antigua escuela de filosofía órfica se enseñó que la carne es malvada y corrupta, que el cuerpo aprisiona al elemento divino, es decir, al alma, y que ésta trata constantemente de liberarse. Interpretaron esa liberación como el regreso del alma a su fuente divina. La escuela socrática y platónica se vieron extremadamente influenciada por esa idea acerca del cuerpo.
El filósofo de origen judío, Filón, nació en Alejandría durante el primer siglo antes de Cristo. En esa época las creencias religiosas estaban muy influenciadas por la cultura griega. Pero según Filón, Dios lo trasciende todo, es eterno, no obstante, dijo que la materia es coeterna con Dios, que coexiste con él. De ahí que se pensara en el dualismo: Dios, por una parte y la materia por la otra. Filón expuso que el logos desciende de Dios, que los dos aspectos principales del logos son la bondad y la potencia, o sea, el poder divino y llamó a estas mensajeras o intermediarias de Dios.
Filón enseñó que hay también logos inferiores, afirmando que estos se agruparon convirtiéndose en materia. El alma (un logos superior), quedó encerrada en esa materia. Pensó que como el cuerpo es materia, es malo en potencia, y expuso que el hombre se volvió pecador y malvado por haber usado mal su libre albedrío; en otras palabras, por dejarse llevar por sus sentidos y las tentaciones corporales. Declaró que sólo a través de la contemplación y al meditar en sus cualidades divinas, el hombre podía elevarse por encima de la materia y del cuerpo. Las ideas de Filón dejaron huellas muy profundas en las teologías y judaica y cristiana. El Nuevo Testamento refleja estas ideas. Las enfermedades y los dolores del cuerpo parecieron destacar también su impureza en la mente del hombre primitivo, pensó que aún los apetitos y las pasiones son ejemplos de la debilidad del cuerpo, que son comparables a las funciones del cuerpo de los animales, a los cuales siempre ha considerado inferiores a él.





