Por: Luís Roldán Ríos Córdova. rioscordova2010@hotmail.com
«… ¡Costa, Sierra y Selva!»… Es la respuesta que compulsivamente exhala el morador de la Selva o la Sierra.
¿Por qué el estudiante loretano no responde… «¡Selva, Sierra y Costa»? ¿Se ha incrustado en el cerebro de los provincianos la idea de que primero es la Costa, al último es la Selva, Loreto en este caso? ¿Será por eso que lo mejor viene de allá o de donde más lejos vienen las cosas, mejor? ¿Nos han educado para ser patrióticamente dominados?
Cierto comprador pregunta: «¿Tiene tomate cholo?». Evidentemente se refería al tomate de acá. Sin inmutarse por el contenido subliminal, el vendedor respondió que no, dicho con un fuerte sabor a sumisa aceptación de tan «indiscutible verdad». ¿De dónde es el tomate cholo, la gallina chola?… ¡de la selva, pues!
La observación puede parecer una reverenda tontería, una nimiedad, una minucia, en fin. Incluso, al margen del sabor peyorativo de la palabra, nada tiene que ver con la economía, puede decirse también. Lamentablemente no es así. Ocurre que el problema no es perceptible para el común de las personas, por eso el efecto subliminal es potencialmente devastador. La política de Estado de los imperios se ejerce también manipulando la conciencia, aquello que el dominante (Lima en este caso) hace sobre las regiones dominadas, situación que en los loretanos se ve reflejada en sus hábitos de consumo de donde surge la normalidad de consumir preferentemente todo lo que viene de Lima o de otras regiones porque, además, le han dicho que consuma lo que el Perú produce, o quizás, le han convencido que todo lo que es cholo no alimenta y es de bajo nivel social, lo cual con seguridad los ha llevado a ser limeño, costeño o serrano dependiente, ¿Vivían desnutridos los loretanos antes de la carretera Lima-Pucallpa? Ahora no come si no es con la papa, tomate, lechuga, arroz, ají, frejol canario, frejol castilla y toda suerte de verduras costeñas; los loretanos han arruinado a sus campesinos por la falsía perceptiva del concepto de calidad nutritiva y del nivel social distinguido si viene de la Costa o del extranjero.
¿Cuánto dinero quedaría en la región si volvieran a consumir lo que producen sus campesinos?
Por otro lado, ¿cuántos puestos de trabajo generaría en Iquitos consumir la cerveza que se produce aquí si la consumieran con la abundancia que consume las que vienen de otros lugares? Un día quise pescar orgullo caminando al lado de unos amigos ucayalinos, pero pesqué tremenda vergüenza con la respuesta que recibí en algunos bares de Iquitos: «No la vendemos porque es barata», respondió uno. «¿Existe esa cerveza?», respondió otro. Los loretanos tienen mucho que aprender del nacionalismo ucayalino, trujillano, cusqueño, de los arequipeños. Consumiendo lo nuestro también se hace patria, ¿o no?, pero el loretano no entiende las cosas así, es hincha de la «U» porque la «U» es del Perú y yo soy peruano, argumenta. Qué le importa que baje su CNI. Consume frejol canario porque es peruano. Bebe x,y,z marca de cerveza porque es del Perú y él es peruano. ¿La cerveza que se hace en Iquitos, no es peruana? ¿El frejol ucayalino no es peruano? Si pues, como tienen la mente aplastada por todo lo ajeno, a la cerveza de acá, al frejol ucayalino, los encuentra defectos que tal vez realmente no la tengan, que sólo están en su confundido concepto.
El locutor loretano anuncia música peruana y solo pone vals, marineras, huaynos, menos lo de acá.
¿Qué pasó con el riquísimo guisador para sazonar al frejol ucayalino? Sencillamente lo ha reemplazado por el insípido palillo y al frejol ucayalino con el frejol canario. ¿Porque es más rico? No. El canario es más «chic». ¡Qué nivel usar guisador! Esa conducta ha mandado a la pobreza extrema a sus sembradores de guisador y de frejol (mencionados como ejemplos) sin darse cuenta que aquello terminaría por arrastrarlos a su condición actual, amén de otras razones, por su puesto.
De modo que la siembra de frejol ucayalino (lo repito como ejemplo) se ha reducido sólo al consumo familiar, encareciéndose para los pocos nostálgicos que quedan para consumirla con quienes sus campesinos no alcanzarán nunca avanzar económicamente, ni hacer de ella una región productiva. Claro, nos hemos quedado en cuanto a tecnología, pero, el asunto no es irreversible. O, bueno, si tuvieran notable desarrollo industrial, ¿qué importa sembrar frejoles, ¿verdad?
Mi opinión puede parecer cursi o estúpida, inclusive para el mismo loretano puede parecer como algo inútil y sin sentido, pero, si no apuestan ustedes por ustedes mismos, ¿quién lo va a hacer, mi querido loretano?





