Para nadie es un secreto que desde que el petróleo se convirtió en un elemento imprescindible como combustible, han sucedido muchos crímenes. Y crimen no solo es el asesinato, el homicidio, sino todo acto que es un delito, que no es más que salirse del buen camino, apartarse de la ruta señalada por la ley.
En la clasificación que la criminología presenta hay una que es el crimen contra el medio ambiente. Este crimen se ha perpetrado en la Reserva Nacional Pacaya Samiria, una zona que debería ser un santuario que todos deberíamos cuidar y proteger con veneración y no permitir, bajo ninguna consideración, que se atente contra su naturaleza.
El hecho ha sido denunciado en este diario, a través de una nota de la periodista Luz Marina Herrera, lo que ha motivado que personas interesadas en ocultar el delito le hayan propuesto arreglar las cosas previa reunión personal, que la periodista ha rechazado de plano. La negativa ha sido tomada con sumo disgusto por los emisarios que indignados solo atinaron a tirar el teléfono, lo que motivó una sarcástica sonrisa de nuestra redactora.
Los sujetos enviados a este tipo de cosas deben haber quedado muy mal ante sus jefes que se fueron de cara con su propuesta. Aquí en La Región, estamos para defender nuestro territorio, lo que a nuestros pueblos indígenas les corresponde por ancestro. Y no vamos a permitir que se oculte o se calle un atropello de tal magnitud.
La Reserva Pacaya Samiria está contaminada y eso hay que castigar de acuerdo a nuestras leyes, sin temor a nadie ni nada, porque primero está la defensa de la vida antes que el dinero del petróleo que mucho daño ya hizo a nuestra selva.
Que este caso punible no se pase por alto ni se detenga en algún escritorio, que se escuche la denuncia de la Asociación de Indígenas de Desarrollo de la Cuenca del río Chambira y afluentes, que Pluspetrol nuevamente ha atentado contra la biodiversidad de la Reserva Nacional Pacaya Samiria, lo que es un crimen contra el medio ambiente.





