

La tarde de ayer, una delegación de la Corte Superior de Justicia de Loreto, encabezada por su presidente, llegó a las instalaciones de la parroquia San Agustín, para rendir homenaje póstumo al padre Joaquín García, cuyo lamentable deceso aconteció el 18 de enero, a sus 84 años de edad.
Jueces superiores y servidores judiciales integraron la cuadrilla que tributó la despedida en el funeral, el cual convocó, además, a una amplia concurrencia de la sociedad loretana.
A través de sus medios institucionales, la Corte brindó las condolencias a la Orden religiosa a la cual perteneció el padre Joaquín García, así como a todos los familiares.
De igual manera, resaltaron sus principales virtudes: el desprendimiento y entrega en favor de la sociedad loretana, como su dedicada contribución con la historia de la Amazonía y la difusión de la cultura regional.
Hasta siempre, padre Joaquín García; su legado también perdurará imborrable.
JOAQUÍN GARCÍA Y SAN JOAQUÍN DE OMAGUAS
Una de las últimas actividades culturales en las que participó, fue la visita que realizó a la localidad de San Joaquín de Omaguas (distrito de Nauta), un sábado 18 de agosto del 2012, conforme se narra en libro “La memoria del bronce” de Aristóteles Álvarez, que a continuación se transcribe.
“Se trató de un hecho memorable sin duda alguna. Primero, porque le permitió a Joaquín constatar en vivo las arraigadas costumbres, tradiciones culturales y religiosas que practican sus moradores, heredadas de sus antepasados durante generaciones, como es su veneración a la imagen de San Joaquín – el Patrono del pueblo- y la danza que practican en su honor, que según nos refirió un anciano poblador descendiente de Omaguas (que todavía habla en dicha lengua) ‘sus abuelos ya veneraban y danzaban el ritual’, sin poder explicarse cómo es que llegó la imagen hasta allí.
La música de tambores y pífanos con que reciben a los visitantes y alegran sus fiestas religiosas me recordaban las lecturas de los relatos que dejaron los misioneros jesuitas en el Amazonas que ya nos refieren estos usos y costumbre. Igual cosa ocurrió con la campana y demás objetos que se veneran en el lugar, y a los cuales me he referido en anterior artículo. La fe religiosa que sembraron los misiones se mantiene viva.
Según Joaquín pudo constatar in situ el estado en que se conservan estos tesoros culturales y dejar recomendaciones para su preservación y restauración a los pobladores y autoridades de la provincia y del centro poblado (alcalde, gobernador, entre otros). El alcalde provincial, don Darwin Grández Ruiz, que concurrió acompañado de sus funcionarios de obras, ofreció construir en corto plazo una capilla que dé seguridad a éstas preseas, y luego una futura plaza de armas del pueblo a la que denominaría Plaza Samuel Fritz.
Tercero, cuando Joaquín llegó a la humilde capilla del lugar, a pesar de su convaleciente estado de salud, permaneció de pie frente a las reliquias durante largos minutos, en absoluto silencio, con la cabeza gacha y las manos uncidas al pecho, esforzándose por contener emociones.
Todos los presentes le observamos atentamente, y valorábamos el enorme esfuerzo físico que había hecho. Me pareció verlo como encontrándose frente a uno de los frutos de sus investigaciones, desvelos y preocupaciones, desarrolladas durante las últimas décadas en la Amazonía. Luego revisó minuciosamente el estado de las reliquias y con gran vigor hizo tañer la campana, cuyo sonido nos transmitía sus emociones.
Cuando habló hizo un relato de su vida y su obra en la Orden religiosa a la que pertenece; habló de Monumenta Amazónica y los 40 tomos de libros que lleva publicados dicho proyecto. Finalmente, nos hizo saber que, hace muchos años se había nacionalizado peruano, y dijo: ‘Cuando muera deseo ser enterrado en Loreto, para convertirme en un árbol más de la Amazonía’. Fueron momentos de gran emotividad, donde irrumpieron varias veces los aplausos de los presentes.
Después de otras intervenciones, el párroco de Nauta, Rafael Gonzáles Saldaña (OSA), recordó que Joaquín fue su bienhechor para ver realizada su vocación sacerdotal; luego hizo algunas oraciones e invitó a Joaquín a impartir bendiciones a los presentes. Después, la improvisada banda de músicos volvió a tocar sus tambores y pífanos y nos pusimos a danzar frente al Santo Patrón del pueblo. Al padre Joaquín se le notaba agotado, pero enteramente feliz. Para quien escribe, una experiencia inolvidable”.
Y para quienes leemos esta narración, nos lleva a honrar su memoria y recordarlo con ese espíritu curioso y vivaz, de fe inquebrantable y generosa entrega a los demás, sin esperar nada a cambio.





