La corrupción en el Perú ha llegado a desbordar el límite de la paciencia de quienes con indignación, vemos que no se hace nada para que nadie pueda aprovecharse del cargo y utilizar su posición para delinquir.
Ya no es novedad conocer a través de los medios de prensa actos por demás escandalosos donde los protagonistas son funcionarios públicos de primer nivel y en el colmo del asunto, Congresistas de la República que se han ganado, con todo derecho, alias como «roba luz», «come oro» «roba cable» «come pollo», etc.
Lo que sucede es que el lumpen del que estamos rodeados, sabe que en el país no contamos con leyes ni penalidades que castiguen severamente delitos de tal magnitud.
El Estado está a expensas de los delincuentes, desde los callejeros hasta de cuello y corbata. Y si hay un par de sentenciados purgando condena es porque esos fueron los más tontos o no tuvieron una buena defensa.
Analistas políticos de nivel opinan que lo que falta es una urgente reforma del Estado, porque esto no puede continuar. Su estructura propicia este tipo de cosas, haciendo que el funcionario con inclinaciones al delito o por necesidad, ceda a la tentación de la coima o al robo sistemático, porque sabe que puede salir librado porque no hay sanciones ni leves ni ejemplares.
La prensa muchas veces pone al descubierto casos que evidencian el delito, a los que no se les da total dedicación a su esclarecimiento. Al no haber sanción, seguiremos viendo en las páginas de los diarios la existencia de otros casos imperdonables.





