La visita de la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP) a la Cooperativa Agraria Achuar Shakaim, en San Lorenzo, provincia del Datem del Marañón, representa una oportunidad para demostrar que el desarrollo de la Amazonía puede construirse aprovechando responsablemente sus propios recursos. No todo depende de grandes inversiones ni de proyectos que vienen de afuera; también es necesario mirar las experiencias que nacen de las propias comunidades indígenas.
La transformación del cacao amazónico en chocolate, el manejo de la sangre de grado y el aprovechamiento de otros recursos naturales demuestran que existe un potencial productivo que merece mayor atención. Estas actividades no solo permiten generar ingresos, sino que también pueden convertirse en alternativas para mejorar las condiciones de vida de las familias, siempre que cuenten con capacitación, tecnología y acceso a mercados.
En ese camino, la universidad tiene una responsabilidad importante. Su trabajo no debe limitarse a las aulas ni a los laboratorios, sino llegar hasta las comunidades para investigar, acompañar y aportar soluciones concretas. La ciencia puede contribuir a mejorar los procesos productivos, elevar la calidad de los productos y encontrar nuevas formas de aprovechar la biodiversidad sin destruirla.
También es valioso que la cooperativa esté interesada en recibir estudiantes para prácticas preprofesionales y voluntariado. Este acercamiento permitiría que los futuros profesionales conozcan directamente la realidad amazónica y aprendan de quienes han desarrollado conocimientos sobre su territorio durante generaciones. La formación universitaria será más completa si combina la teoría con las experiencias de las comunidades.
Sin embargo, las visitas institucionales no deben quedarse solamente en fotografías, reuniones y buenas intenciones. Es necesario establecer compromisos, definir proyectos de investigación, organizar las prácticas estudiantiles y evaluar resultados. La cooperación debe traducirse en beneficios reales para los productores, con respeto a sus conocimientos tradicionales y participación activa de las comunidades en las decisiones.
La experiencia de Shakaim demuestra que los pueblos indígenas pueden ser protagonistas de un desarrollo que combine identidad cultural, producción y conservación de la naturaleza. La UNAP tiene la oportunidad de contribuir a ese propósito mediante una alianza sostenida y concreta. La Amazonía necesita más iniciativas que unan el conocimiento científico con la sabiduría ancestral, porque proteger el bosque también significa generar oportunidades dignas para quienes viven en él.
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