Nuestro país como república democrática aplica actos protocolares para determinados eventos. Hay todo un reglamento del ceremonial que incluso sirve de guía para actos protocolares de los gobiernos regionales y municipalidades del país.
Si bien muchos de esos actos se ajustan a la jerarquía acostumbrada del nivel de autoridades, pensamos que varios de ellos se tornan exagerados y que terminan endiosando a las autoridades de turno y como se diría también “se van a las nubes”.
Así hemos visto a lo largo de los años a autoridades de turno que solo querían escuchar que les digan que todo esta bien, pobre del que osara decir algo contrario a lo que sus oídos desean escuchar. No es obviamente una regla general, pero pasa.
Esta introducción breve sobre los ceremoniales también incluye reconocimientos a las autoridades sobre cumplimientos de metas. Por logros específicos, por ejemplo, las municipalidades reciben incentivos económicos.
O sea, por cumplir bien con sus funsiones son premiados, son reconocidos. Y ojo que estas ceremonias implican un costo para el gobierno con decoraciones pomposas, placas, medallas, certificados con diseños artísticos, todo esto tiene un costo.
Todo esto también lo tratamos porque ayer un alcalde rechazó un certificado de reconocimiento de manos del mismo Presidente de la República, que más que por su investidura, por un tema de educación no debió rechazarlo dejando al Mandatario con la mano extendida.
Muchos están tratando el hecho solo como un incidente, cuando al margen de la pésima actitud del alcalde, vemos que hay un transfondo que acusa la vanidad que es capaz de atraerse en los detalles de un ceremonial, que al ser vanos, resultan improductivos.
Es que se inventan tantas cosas que nos distraen de las priorizaciones, de lo que el país necesita a gritos y botamos los presupuestos. Que tan solo hayan sido cien certificados a 200 soles cada uno, resulta un monto importante para alguna acción social, como promover a algún emprendedor tan necesitado de reinvertir en calidad. Urge hacer caja dejando de lado trivialidades.
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Ceremonial improductivo
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