- Una visita rápida, se impregna como una experiencia inolvidable.

Bien dicen que cada persona es un mundo, en el caso de los adultos mayores, son un universo entero por contar. En un recorrido breve, pero extremadamente agradable a la casa del adulto mayor, nos encontramos con Teolinda Tafur viuda de Varela.
Una mujer con una alegría tan contagiosa como su propia risa, una mujer con una historia exquisita que podríamos escuchar durante muchas horas. Teolinda cuenta que terminó sus estudios de docencia en la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana y posteriormente se desempeñó como docente en el colegio Sagrado Corazón (el cual está próximo a cumplir su centenario).
Con una sonrisa franca expresa lo mucho que le gusta estar en esa casa de cuidado. Narra de cuanto disfruta el aire fresco que corre por los pasillos, le encanta cuidar las plantitas y echarles agua diariamente, aunque en ocasiones se le olvide y les eche demasiada.
Teolina, tiene una mirada dulce y pícara. Sin embargo, esa picardía se llena de nostalgia al recordar a sus hijos. Una de ellas es Ana Varela, una reconocida poeta Loretana que fue premio Copé de poesía en 1991 y que hora se encuentra radicando en California. Según nos dice “Teo” Ana Varela, quiere llevársela a vivir a California, pero es ella quien prefiere quedarse a disfrutar del amplio pasillo del llamado asilo con vista al gran verde de la naturaleza.
Por otro lado, al hablar de su hijo Luis Alberto Varela Tafur (ex policía, que actualmente laboraría en la municipalidad de San Juan), su mirada cambia y se vuelve triste al recordar cuanto lo extraña. Cuanto anhela verlo sabiendo que lo tiene muy cerca. Tiene claro que su hijo está en la ciudad, que está cerca y que no lo ve hace tiempo.
“Cuando mi vida esté angustiada, hoy yo quiero que Cristo se quede en mí. Cuando yo esté sola que ande conmigo”, es una estrofa de la canción que Teo canta con mucho sentimiento y que, dicho sea de paso, le sirve como ejercicio para la memoria.
Ella cuenta que cada día le pide al creador que no la olvide, que la acompañe y le siga dando fuerzas. Entre esta valiosa enseñanza y muchas otras que ella nos deja, señala lo bueno que es estudiar una carrera porque así uno puede valerse por uno mismo.
Teolina da al lugar aún más luz de la que ya tiene, a diferencia de la luz del sol, su luz interior brilla aún más fuerte desde un fuerte y caluroso saludo de buenos días hasta una dulce despedida.
Muchas veces cometemos el error de señalar a la casa del adulto mayor como un lugar solitario, triste y gris, cuando dentro existe un grupo de estrellas brillantes con historias asombrosas por ser escuchadas en una mecedora con el viento refrescando el intenso calor.
Un lugar donde ellos están bien atendidos tanto física y mentalmente. Hay quienes como Teolina, están prestos a contar su historia sin que nadie se los pida. Hay quienes ya olvidaron sus raíces y sus memorias y hay quienes disfrutan de su soledad. A Teolina, se le guarda una promesa pendiente, por eso cerraremos esta nota diciendo: “Nos vemos pronto camarada” como ella solía llamarse en sus años mozos.
(Texto y Fotos: Micaela).





