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Cartas desde el mar: El soporte íntimo de Dolores Cavero a Miguel Grau

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  • 205º Aniversario de Creación de la Marina de Guerra del Perú y 147º Aniversario del Combate Naval de Angamos

“A los genios y a los héroes debe la Humanidad su trayectoria de laborioso pero constante perfeccionamiento……. Mientras el genio vive en las cumbres y orienta desde ellas la penumbra del llano, el héroe conoce la explanada sin contagiarse de mediocridad; y de escalón en escalón…. asciende hasta las cimas de la proeza o el martirio donde le aguarda, sin saberlo, el beso de la gloria…. Miguel Grau tenía el temple de esos hombres superiores”
José Luis Bustamante y Rivero.

El análisis histórico de Miguel Grau Seminario nos revela anualmente nuevas perspectivas sobre la magnitud de su figura. No obstante, resulta imperativo detenerse en su dimensión estrictamente humana. Su existencia estuvo marcada por vicisitudes complejas; pocos individuos poseen la templanza necesaria para resistir severas privaciones materiales y afectivas sin corromper su espíritu, manteniéndose firmes en el ejercicio de la valentía, la rectitud, la probidad y la modestia. Y ese vasto campo de un Grau multifacético perdemos de vista en el horizonte, muchas veces su condición de esposo, que se sabe sólo en la inmensidad del mar y acude con humildad a una columna que lo sostiene en silencio, pero con un amor y sabiduría poco conocida, se soporta en su esposa: Dolores Cavero y Núñez.
“Grau fiel a su formación y a su disciplina formula el 06 de abril de 1,867 una petición al alto mando naval, de conformidad con las ordenanzas de la época, permiso para contraer enlace con la distinguida dama limeña doña Dolores Cavero y Núñez. Otorgada la autorización, el matrimonio se realiza en la parroquia del Sagrario en Lima el 12 de abril de 1867. Apadrinaron la ceremonia el General don José Miguel Medina Elera y la señora Luisa Núñez de Cavero. Los testigos fueron tres íntimos amigos del novio, marinos también: Manuel Ferreyros, Aurelio García y García y Lizardo Montero. A ellos se les llama con justa razón “los cuatro Ases de la Marina”, nos narra con prolijidad Gerardo Arosemena Garland. El matrimonio es celebrado con solemnidad por el sacerdote Manuel De la Fuente Chávez quien fuera capellán del Monasterio de Santa Rosa, precisa Rodolfo Castro Lizarbe en el libro “Dolores Cavero de Grau: Vida y Legado”.
Fruto de su matrimonio, la unión Grau Cavero, tuvieron 10 hijos a los que amaron con fruición y les tuvieron especial dedicación pues aún a la distancia, el afecto y cariño se expresaban tal y como lo plasmó en una carta escrita el 08 de mayo de 1,879 donde entre otras recomendaciones le dice: «Como la vida es precaria en lo general y con mayor razón desde que va uno a exponerla a cada rato en una campaña de guerra justa… te escribo estas cuatro líneas… Quiero que me otorgues tu perdón y que atiendas con sumo esmero a nuestros idolatrados hijos…» posteriormente misiva redactada en Iquique a bordo del Huáscar el 29 mayo de 1879, tras referirse a su primera incursión al litoral boliviano ocupado por Chile y en especial al primer combate de Antofagasta, así como a la presencia del Presidente
Mariano Ignacio Prado en Arica como Director Supremo de la Guerra, le dice: “El vapor para el norte, no pasa por aquí hasta mañana, pero por lo que pueda suceder te escribo anticipadamente con el objeto de saludarte cariñosamente y a la vez suplicarte hagas a los niños mil caricias a mi nombre. Aconséjalos constantemente y diles que no se olviden de cumplir lo que me han ofrecido, de estudiar con empeño y esforzarse bien, tanto en el colegio como en la casa.
Si ya has cobrado el mes de mayo, cómprales a los muchachos unos vestidos y camisas, para que vayan siempre aseados a la escuela.
Sería conviviente que dieras de cuando en cuando tus vueltas al colegio para que te informes del adelanto y conducta de los muchachos”.
El intercambio epistolar entre los esposos Grau Cavero se caracterizó por una notable intensidad y constancia, convirtiéndose en el canal vital que sostenía su vínculo afectivo frente a la rigurosa separación impuesta por el conflicto bélico. La correspondencia sobreviviente revela un flujo comunicativo constante, donde la recepción frecuente de las cartas de doña Dolores Cavero en el frente era correspondida de manera sistemática por el Almirante desde el monitor Huáscar. Esta observancia en los envíos no solo demuestra la profunda complicidad y necesidad de acompañamiento mutuo de la pareja, sino también cómo la escritura epistolar diaria se transformó en un espacio de resistencia emocional y refugio familiar en medio de la incertidumbre de la campaña naval de 1879.
Se tiene constancia de algunas de las últimas misivas enviadas por Miguel Grau a su esposa, Dolores Cavero de Grau, fueron redactadas los días 1, 8, 27 y finalmente el 30 de septiembre de 1879. A partir del texto correspondiente al 1 de septiembre, escrita desde Arica a bordo del monitor Huáscar según Arosemena Garland, se deduce que la señora Cavero había remitido múltiples cartas a su cónyuge a lo largo del mes de agosto respondiendo Grau el 1 de septiembre, desde Arica a bordo del monitor Huáscar:
“Ayer tarde regresé del sur y tuve el grato placer de recibir varias cartitas tuyas, las que me han proporcionado la dicha de saber que tanto tú, vida mía, como las niñas se conservan, a Dios gracias, sin novedad. Te estoy muy agradecido por el interés que veo tomas en escribirme largo y con frecuencia. Así, pues, recibe un millón de cariños por lo fina que eres conmigo. Desearía escribirte muy extensamente, y decirte lo mucho que te quiero, pero tengo que ser lacónico en razón de mis múltiples ocupaciones. Esta noche, por ejemplo, quería dedicártela escribiéndote bien largo, pero acabo de recibir orden de salir, y tengo que conformarme con solo dirigirte estas cuatro líneas, con el objeto que sepas que he vuelto sin novedad”.
Quien lo creyera el Grau guerrero, indomable desplegando un romanticismo poco conocido tal y como lo describiera el polígrafo Luis Alberto Félix Sánchez Sánchez en la revista Mundial, el 07 de octubre del 1921 y donde afirma haber revisado una carta personal que revela su faceta sentimental: “Y Grau, por ser tan hombre, era inquieto y aventurero. Nos han acostumbrado a verlo como león, con la garra presta: pero nunca nos han dicho que tenía el corazón blando, como de cera, y que, buen caballero, gustaba del amor”.
El 08 de setiembre de 1879, en Arica a bordo del Huáscar, el Contralmirante Grau inspirado escribe con caligrafía prolija:
“Muy Queridísima Esposa:
Después de saludarte y mandarte muchísimos cariños, me contraigo a comunicarte que no es poco, de no tener el gusto de verte para decirte lo mucho que te quiero y extraño.
Siento mucho no tener cartas tuyas con más frecuencia porque es lo único que me pone contento, probablemente cuando en ellas me anuncias vida mía, que tanto tú como los niños se conservan buenos. Quiera el cielo otorgarles eternamente estos beneficios, para mi consuelo.
Mucho fastidio tengo que ver la irregularidad con que llegan los vapores del Norte, pues, a veces pasa una semana sin uno de ellos, lo que demora el tener noticias tuyas y de mis hijos: que es en verdad lo que más me interesa a mí en esta vida. Hasta el miércoles o jueves que debe fondear uno aquí, estoy privado de esa dicha. Hasta el próximo vapor”.
Un Grau irreconocible para el común de los mortales, acostumbrados a expresiones como las del Maestro Jorge Basadre refiriéndose a esta consustanciación entre el hombre y el acero de su monitor, ha dicho: “Grau acabó por hacer del “Huáscar” no solo el mejor barco de la marina peruana sino la espada única y el solo escudo del Perú que detuvo la invasión durante seis meses largos”, o las del periodista e historiador Héctor López Martínez quien es concluyente al decir: «este hombre, sin embargo, no era un santo ni tampoco un anacoreta aislado del mundo y sus contingencias. Por lo contrario, su existencia fue dura y azarosa, rebosante de experiencias y de humanidad, dándonos desde niño una magistral lección de cómo se pueden superar limitaciones y dificultades hasta lograr un bagaje espiritual que lo convirtió en modelo de virtudes ciudadanas ante sus contemporáneos y la posteridad»
El 27 de setiembre a bordo del monitor «Huáscar», al ancla en Arica, el Caballero de los Mares escribe “Muy Queridísima Esposa:
Ayer tuve el grato placer de recibir tu con ansia esperada cartita del 19 en curso, cuya lectura me llenó de contento, porque me anunciabas que tú vida mía, y los niños se conservaban a Dios gracias sin novedad. Te aseguro esposa querida que tanto como tu lamento la irregularidad que hay ahora en la venida y salida de los vapores: pues, me parece que solo cada siglo recibió carta tuya, razón por la que más me aburro de estar separado de ti tanto tiempo. Sin embargo, tú crees que no te extraño, y que cuando te escribo es solo el momento que me acuerdo de ti; lo que te prometo, no es exacto, porque te tengo siempre presente en mi memoria y en mi corazón”.
El 29 de setiembre de seguro se celebró el santo del Comandante del Huáscar (acorde con el santoral San Miguel Arcángel) y se sirvió su plato predilecto y más disfrutado la papa a la huancaína, tal y como lo reseña el periodista y escritor Guillermo Thorndike en su monumenta de seis tomos con 2,575 páginas sobre Grau. Al día siguiente se tomó el tiempo para escribir la que sería su postrera carta antes de pasar a la inmortalidad y en la que dice así:

“Monitor Huáscar Iquique setiembre 30 de 1879 Muy querida Esposa:
Esta tarde llegué a este puerto convoyando al transporte Rímac que ha desembarcado la tropa aquí.
En este vapor creí recibir carta tuya, desgraciadamente no ha sucedido así, lo que me ha contrariado, pero comprendo que no lo has hecho, porque seguramente ignorarías la salida de esos buques del Callao.
El Huacho va a salir para el Callao, y he querido vida mía, aprovechar esta oportunidad para ponerte cuatro líneas saludándote y mandándote un millón de cariños, lo mismo que a los niños.
Reservado. Esta misma noche voy a salir con la Unión a una corta excursionista por el sur.
No hay peligro ninguno, por consiguiente, no tienes por qué alarmarte, ni menos asustarte.
Saluda a mis hermanas y a Gómez. Lo mismo que a Misia Luisa y demás familia.
Con un fuerte y cariñoso abrazo se despide tu constante esposo que te idolatra y recuerda a cada instante.
Miguel.

Y este también era Grau, amante impenitente de su esposa, padre amoroso hasta la saciedad y en esta dimensión histórica trasciende el ámbito estrictamente militar, toda vez que consiguió conciliar la severidad de la campaña naval con una práctica paternal profundamente afectuosa y constante, la cual quedó registrada en su abundante producción epistolar. Lejos de menoscabar su rigor y compromiso con la defensa de la patria, este profundo apego filial actuó como el sustento ético que legitimaba su sacrificio en el teatro de operaciones; de este modo, el inflexible estratega republicano se revela simultáneamente como un protector solícito que, incluso ante la inminencia del conflicto, planificaba con devoción el porvenir material y moral de su familia. La unión indisoluble con su esposa quedó para la posteridad en este hermoso y afectuoso intercambio epistolar donde se puede apreciar la fortaleza, el soporte, la sapiencia de doña Dolores Cavero de Grau para con su esposo dejando evidencia de cual era el rellano donde el egregio Almirante reposaba ante las vicisitudes y el fulgor del combate.
Angamos, 08 de octubre de 1,879, episodio ya por todos sabido y objeto de una profusa y unánime ponderación por parte de la historiografía. 09:35 horas según unas versiones o las 09:50 horas, según otras, la diferencia es nimia, lo que sí importa es que ese día los restos de Grau sembraron de peruanidad las aguas de Angamos, desde ese día esas aguas son las más peruanas aguas marinas del Perú, y así lo serán por siempre, porque ahí está el sarcófago del Caballero de los Mares, aún después de 147 años seguimos conmemorando con satisfacción uno de los episodios más honrosos de nuestra historia porque incluso en la derrota Grau y la tripulación del insigne monitor son un ejemplo vívido de honor y dignidad retumbando hasta hoy “los peruanos no se rinden”. Una rama de acacia en su túmulo.
En la actualidad, en un panorama social frecuentemente fragmentado por la polarización política, el debilitamiento de las instituciones y la desconfianza generalizada hacia las autoridades, la figura de Miguel Grau recobra una vigencia fundamental. Su trayectoria ofrece un modelo de liderazgo ético, un bien escaso, pero de urgente necesidad en los ámbitos de la gestión pública y la actividad privada.
Grau es el testimonio de que es viable administrar el poder con decencia, ejercer el servicio social desinteresadamente y preservar la dignidad en las condiciones más desfavorables.
Miguel María Grau Seminario no es simplemente un personaje de los libros de historia, sino el símbolo que condensa las aspiraciones morales de la nación. Recordar a Grau en tiempos complejos es retornar a los fundamentos básicos de la vida en sociedad: el servicio al prójimo, el respeto a la alteridad, la observancia del deber y la coherencia ética.
La Marina de Guerra del Perú, fundada en los albores de la vida independiente y que hoy conmemora su 205º aniversario, incorporó a Grau a sus filas cuando este contaba con 19 años. La institución proveyó el marco doctrinal que perfeccionó sus habilidades innatas y lo facultó desde temprana edad para el ejercicio del liderazgo, aptitudes que alcanzaron su cúspide en las acciones de armas donde entregó la vida.
En el presente, los hombres y mujeres que integran la armada peruana continúan navegando inspirados por ese legado. Se capacitan continuamente para afrontar las exigencias de un entorno globalizado y de vertiginoso desarrollo científico-tecnológico, encarando un futuro complejo sin descuidar el sentido humanista de su formación. La armada trabaja ininterrumpidamente para garantizar la seguridad de nuestras fronteras y soberanía, manteniéndose igualmente operativa para misiones de paz y asistencia social en las regiones más vulnerables del país. A lo largo de más de dos siglos, la Marina ha cumplido su misión adaptándose con celeridad a las transformaciones de cada época. El mayor reconocimiento para el personal naval radica en sus acciones cotidianas, donde el bienestar de un ciudadano en zonas remotas justifica el cumplimiento del deber bajo el pabellón nacional. A más de dos centurias de su creación, los herederos de Grau prosiguen la ruta trazada por su almirante, orgullosos de sus tradiciones, atentos a los desafíos del porvenir y plenamente conscientes de sus responsabilidades actuales.
Al ancla en Iquitos 08 de octubre del 2026 Profesor Menotti Juan Yáñez Ramírez

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