Cuando pensamos en que pueblos y ciudades de nuestro propio país están conectados con carreteras y pueden desplazarse de forma opcional a la vía aérea, se nos viene a la mente la pegajosa canción del cantante y autor, Cristian Meier, con su tema “Carreteras mojadas”, que nos sugiere también un largo tramo por recorrer conociendo otros lugares.
Lo bonito de estas vías terrestres de comunicación, es que nos pueden transportar por precios más módicos o en nuestro propio vehículo a diferentes lugares, y que no necesariamente toda la ruta es sobre tierra, también se vale de puentes.
Una muestra es el puente grande que tenemos y otros varios pequeños que hacen posible la carretera Iquitos-Nauta, lo mismo pasa con otras vías a las que llamamos carreteras.
Es así que con la puesta en actividad del Puente Nanay, ya podríamos estar hablando de la carretera Iquitos a Mazán e Indiana y viceversa, para hacer turismo interno, conocernos más entre paisanos loretanos, colaborando entre nosotros en los emprendimientos turísticos que puedan existir en esos bellos lugares de nuestro Loreto.
Seguro que muchos todavía esperamos la carretera Requena – Angamos, Jenaro Herrera – Angamos y la del Napo – Putumayo, uno de los más antiguos proyectos carreteros anunciados en campañas políticas para la presidencia de la República en Iquitos.
Lo recordamos nítidamente en una plaza 28 de Julio llena de militantes y simpatizantes cuando el entonces candidato y expresidente Fernando Belúnde Terry, que en paz descanse, dijo algo así como que en la selva de sus amores se hará realidad la carretera Napo – Putumayo, un sueño que marcará uno de los hitos de peruanidad y de desarrollo.
Han pasado más de treinta años y seguimos esperando la carretera que ni con los miles de millones del canon petrolero tuvieron la visión de proyectar esta y otras carreteras en la región, para lograr una conectividad interna que hubiera fortalecido nuestras relaciones como loretanos, como región, en el comercio y una serie de negocios vinculados también al medio ambiente.
El “temor” según trascendidos es que se iba a favorecer al narcotráfico, lo que nada más era un pretexto porque implicaba fortalecer en paralelo a nuestras fuerzas del orden. Claro que también fortalecer y reglamentar las leyes relacionadas a la extracción de recursos tanto forestales como de fauna silvestre, también fortalecer al turismo interno y externo que hacen posible las carreteras. Esa es nuestra mina que sigue esperando su buen uso racional y exitoso para todos y todas.
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“Carreteras mojadas”
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