El común de los mortales estaría con una condena mínimo de 25 años, por una acusación de violencia sexual como la realizad por una mujer contra el príncipe Andrés de Inglaterra. Al parecer tener título nobiliario, las normativas de las leyes inglesas y ser de la acaudalada familia real le facilitó un acuerdo económico en el proceso judicial.
La historia de esta denuncia le persigue, y aunque la víctima se suicidó en abril de este año su familia ha encontrado una forma de honrar su memoria y devolverle dignidad póstuma con la publicación de un libro que cuenta su historia como esclava sexual del financista condenado por abusos sexuales a menores Jeffrey Epstein, que ya falleció. En este círculo ha sido vinculado el miembro de la realeza del Reino Unido, donde atentaban sexualmente contra jóvenes mujeres.
Andrés que siempre ha negado las acusaciones en su contra, ha decidido renunciar a sus títulos de noble, para cuidar la reputación de la corona británica, especialmente de su hermano el Rey. Aunque el caso permanece en lo público porque se reveló que el príncipe Andrés habría intentado desprestigiar a la denunciante para restarle credibilidad.
La herida emocional y psicológica, quizás por la exposición de su caso la habría llevado a una profunda depresión y nulas ganas de vivir a Virginia Giuffre, que como miles de mujeres en el mundo quedan muy afectadas por este tipo de agresiones que pueden borrar las huellas físicas, pero las mentales deben ser cuidadosamente tratadas y reparadas para seguir viviendo con estabilidad.
El problema de la violencia sexual, en un alto porcentaje contra las mujeres, debe llevar a los gobiernos de turno a endurecer más las penas contra los delincuentes agresores, pero también a una campaña permanente de prevención, atención de denuncias, seguimiento de los casos, y atención de calidad en la terapia de recuperación de las víctimas. El libro de Virginia describe una red de personas ricas y poderosas que abusan de mujeres jóvenes.
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