Por una u otra razón estamos viendo disminuir la presencia de árboles en la ciudad, los mismos que oxigenan al ambiente porque absorben el monóxido de carbono que emanan los miles de vehículos motorizados por la combustión deficiente de gas, gasolina o petróleo.
En otras palabras, nos estamos matando día a día, porque en vez de oxígeno estamos respirando monóxido de carbono, altamente letal, mortífero, por lo que los alemanes, en la segunda guerra mundial, lo usaban en las cámaras de gas para el exterminio de judíos.
En las casas ya no hay huertas, porque toda el área ha sido cubierta de mayólicas para, según los propietarios, aprovechar más el terreno. Lo que no saben es que están fomentando un área de intoxicación porque al no haber ninguna planta, no habrá oxígeno.
En el ayer, las viviendas tenían como mínimo un árbol de mango, plantas decorativas como la patiquina; comestibles como ají dulce, ajíes picantes, sacha culantro, caihuas; medicinales como la menta, malva, hoja de santa maría, llantén, etc. Otras llenaban sus espacios con árboles de caimito, sachamangua, pomarrosa, coco, guayaba, guineo, plátano, limón y naranja.
Pero queremos imaginar que aún en el centro de la ciudad, debe haber vecinos como el profesor Aurelio Tang, amantes de la naturaleza, que conservan sus huertas con algunas de estas especies de nuestra flora, porque saben lo saludable que es tener un árbol o una planta dentro de casa.
Pero en la casa grande que es la ciudad, deberíamos tener en todas las calles, árboles que no solamente den sombra, sino que den oxígeno a la gente, para lo que cada vecino debería plantar uno, no decimos que tal o cual municipalidad haga esta tarea porque eso se prestaría a un negociado que sacaría de pobres a muchos personajes ávidos de dinero. Esta nota no pretende alentar los grandes negociados como se dieron en el pasado en el sembrado de arbolitos en grandes maceteros en las calles de la ciudad.
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Árboles y huertas
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