
Por: Angello Rivera
Abogado. Asociado Principal en Estudio
Osterling Abogados y profesor de Derecho.
arivera@osterlingfirm.com
Imagine por un momento que usted es un mercader de la Edad Media. Como consecuencia del fortalecimiento del intercambio comercial en Europa, ha encontrado en la importación y exportación de telas un negocio redondo. Naturalmente, no resultaría extraño que, al vincularse con otros comerciantes, se presenten algunas disputas que lo obliguen acudir a las cortes.
De hecho, se encuentra a puertas de una compleja disputa con un importador de las costas de la España cristiana. Algunas personas de su entorno le han comentado de sus malas experiencias en los tribunales ordinarios de justicia: procesos sumamente extensos, ausencia de especialización de los juzgadores y, sobre todo, falta de confidencialidad.
Desde luego, como mercader, el tiempo, la especialización y su reputación son tres aspectos sustanciales en su negocio. Busca un mecanismo de solución de controversias distinto. Un buen amigo le platica sobre el Arbitraje de Derecho (sí, el arbitraje es tan antiguo como el Derecho Romano), rescatando principalmente tres ventajas:
Celeridad del proceso. A diferencia de los plazos reales que se manejan en los tribunales ordinarios, donde las impugnaciones innecesarias, así como las malas prácticas para dilatar el proceso, extienden la contienda por largos años, el arbitraje se perfila como un mecanismo célebre. En tal sentido, se proyecta que una disputa legal, aunque compleja, pueda resolverse en pocos meses, por lo que podría aprovechar el tiempo para enfocarse principalmente en su negocio.
Especialización por materias. En contraposición al fuero ordinario, donde con suerte podría ser derivado a un juez comercial, en el arbitraje los encargados de atender las disputas son profesionales especializados en la materia objeto de la controversia, lo cual se traduce en un análisis integral del conflicto, así como en soluciones razonables. Usted podría elegir un árbitro conocedor de la materia en disputa.
Confidencialidad. Al ser un buen mercader, una de las principales razones por las cuales se ha hecho de clientes en Europa es que sus productos llegan a puerto en excelentes condiciones. No desearía que los importadores se enteren que una entrega suya llegó estropeada a pesar de no ser culpa suya, ¿cierto? Usted podría solucionar la disputa sin afectar su reputación comercial, pues los arbitrajes son confidenciales.
Han pasado varios siglos desde la Edad Media y, a la fecha, las ventajas para elegir el Arbitraje de Derecho como mecanismo de solución de controversias son cada vez mayores. En el Perú, el arbitraje ha sido reconocido en la Constitución e, inclusive, cuenta con una ley especializada. La práctica arbitral peruana va en constante optimización y cada vez son más las empresas y comerciantes que aprovechan sus ventajas para resolver conflictos ahorrando tiempo y dinero.





