Defensa Nacional ha declarado en Alerta Roja a los ríos amazónicos al haber superado los niveles normales de creciente. Las aguas se han desbordado inundando pueblos ribereños, lo que es una amenaza para la seguridad de las personas.
Esta creciente adelantada debido a las constantes y torrentosas lluvias caídas en las cabeceras y en la región aumentando el nivel de las aguas, han puesto en peligro la vida de la gente más pobre que vive en condiciones paupérrimas, que ahora teme ser víctima de mordeduras de serpientes venenosas y otras alimañas que entran a las viviendas en busca de calor, metiéndose a las camas.
Defensa Nacional ha dado una serie de recomendaciones con las que, al menos, haya algo de seguridad, eso sin contar con los ahogamientos de niños y ancianos que caen a las aguas.
Una alerta de esta magnitud supone que las autoridades tomen de inmediato las medidas correspondientes para evitar eventualidades con lamentables consecuencias. En esto, los secretarios técnicos de municipios y del gobierno regional deben poner en marcha de inmediato planes de contingencia a fin de menguar los peligros.
Los ríos Amazonas, Itaya y Nanay han subido sus niveles de tal manera que pronostican una de las crecientes más grandes que haya sufrido el poblador ribereño y el de la periferia de las ciudades, como Iquitos, que tiene un cinturón de pobreza donde hay precarias viviendas levantadas ilegalmente en zonas inundables.
Lo cierto es que año tras año estamos a expensas de la furia de la naturaleza y de quienes se aprovechan de las desgracias, repitiendo los mismos cuadros de necesidades de los moradores que piden levantamiento de rasantes, madera y clavos para construir puentes, sin faltar peticiones de colchones y alimentos, que las autoridades mantienen con un populismo increíble, buscando la simpatía de los marginados, cambiando un voto por un pan.






