Fue en 1929 que el nefasto y entreguista tratado Salomón-Lozano hizo posible la entrega del puerto de Leticia a Colombia, ante el estupor y desconcierto de sus pobladores y de la población loretana, que veía, impotente, cómo el gobierno de Augusto B. Leguía regalaba el territorio patrio en un acto de cobardía y colusión con los ricos de Lima y el gobierno de Estados Unidos. Ante la afrenta, un grupo de patriotas toma la bandera de la reivindicación de nuestra pisoteada dignidad, y van decididos a recuperar las tierras perdidas. Con bravura entran en Leticia, reducen a las autoridades, arrían la bandera colombiana e izan la gloriosa rojiblanca que flamea señorial.
Muerto Sánchez Cerro, los ricos de Lima llaman a Oscar R. Benavides quien se encontraba exiliado en Ecuador para tomar la presidencia de la República. Es entonces cuando éste, ordena perseguir a los patriotas y encausarlos y juzgarlos como traidores a la patria, lo que el pueblo no permitió.
Desde tan memorable hecho patriótico, han transcurrido 86 años, sin que hasta el momento ninguna de nuestras autoridades haya reclamado un permanente homenaje a esta gesta digna y honorable, por lo que es impostergable el declarar al 1 de septiembre como “Día de la Dignidad de Loreto”, que deberá recordar a las generaciones venideras, el valor de quienes poniendo sus vidas al servicio de tan noble causa, no dudaron en marchar en pos de la recuperación de Leticia. Que este pedido, salido del sentimiento ciudadano, sea tomado en cuenta por las autoridades de la provincia y la región y que se ponga en vigencia la declaratoria, en acto de justicia y, se coloque, junto al monumento de Fernando Lores, en la plaza que lleva su nombre, una placa de bronce con los nombres de los patriotas y que en cada aniversario de esta fecha, se realice una ceremonia de conmemoración. Esta nota no hubiera sido posible sin el valioso aporte del libro “El Rescate de Leticia” de Pablo Carmelo Montalván (Pacarmon)
(jverea)
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1 de septiembre; Día del Rescate de Leticia
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