Parecerá un acto de masoquismo, pero el acto de celebrar estruendosamente aquellos episodios que en su momento laceraron el alma de todo un pueblo o una nación, hace que nos permitamos una serie de reflexiones, que nos señalen el método a seguir, si queremos honrar a quienes en desarrollo del suceso que motiva la celebración, perdieron la vida.
Consideramos que nadie puede impedir una mirada retrospectiva al pasado, para despertar sentimientos dormidos en procura de restregar a la mirada de la generación que se levanta, los luctuosos sucesos que motivan una celebración y con ello creer que proyecta hacia la nueva generación un campo de tranquilidad y paz; sin embargo creemos que el contenido de los mensajes que se utilizan para identificar los pormenores de lo que sucedió y terminó en tragedia, deben ser mensajes que llamen a la paz y la concordia, porque el mundo que se avecina necesita del talento y la inteligencia de todos los seres humano que poblarán este planeta, pero imbuidos de un espíritu de unificación que logre una real patria globalizada.
Hacer llamados para marchar denostando y blandiendo palos, con motivo del aniversario de cualquier hecho luctuoso sucedido en el país o uno de sus pueblos, resulta de por sí depresivo, pues es el tiempo el que cura heridas y cada vez debemos manifestar en tales recordaciones, lo bueno que nos dejó tal o cual experiencia, otorgándole un campo cada vez menos visible a la tragedia, pues nadie vive de recuerdos y menos si estos son deprimentes.
Existen sin duda resonantes episodios en la historia de nuestra patria, que deben perfilarse a las nuevas generaciones, sin embargo hay que poner en relieve, lo bueno que tal o cual episodio dejó para la vida del país, dejando en términos menores todo aquello que permita injustamente creer que fuimos débiles.
No se crea que propiciamos la ignorancia sobre actos de indeclinable amor a la patria, al contrario, lo que creemos que debe perfilarse con letras de oro en las páginas de nuestra historia, es eso nuestra verdadera historia patria plena de actos de heroísmo que son verdaderos ejemplos para los que aún deben seguir la senda del bien, en procura de una patria fuerte, progresista, libre y con una población respetuosa en todo la dimensión de la palabra; pues tanto costeños como pobladores andinos y selváticos, son el tesoro más privilegiado que guarda el Perú.





