Por: Luís Roldán Ríos Córdova. rioscordova2010@hotmail.com.
¡NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA! Era la frase con la que me restregaban la cara cuando me negaba ir a Lima luego de concluir mi secundaria. Me quedé en Iquitos. Tuve mi primer carro cero Km. honesta y honradamente a los 21 años de edad.
Esta frase que ha llegado a nuestro entendimiento por herencia, la hemos usado o por lo menos escuchado alguna vez y que de algún modo convenimos en aceptar su certeza.
La palabra profeta en esta sentencia popular se refiere al hecho de ser alguien notorio, fundamentalmente en lo económico (aunque no necesariamente) que ninguna (nadie) persona lo logrará si no emigra de su lugar de origen a otras tierras. La frase significa que tienes que salir del lugar donde naciste, o no serás nada ni nadie, así de lapidario.
Bajo este convencimiento, muchísimas personas emigran en busca de horizonte y de ser lo que en su lugar de origen “nunca lo serán”. De modo que desde que nacemos ya crecemos bajo esta concepción, lo vamos sintiendo como obligación de irse o de sacar a los hijos fuera de su localidad, región o país. ¡Qué vas a hacer quedándote aquí! Es la primera visión que los padres siembran en los hijos y que lo van haciendo realidad a medida que van logrando posibilidades de “irse de acá”, desde el pueblito más pequeño y empobrecido hasta desde la capital de la república hacia el extranjero. ¡Nadie es profeta en su tierra! Es nuestra bandera mental.
PROBABLE ORIGEN Y CONCECUENCIAS POCO SANTAS DE ESTA FRASE.
Por la particularidad filosófica de este pensamiento ha de inferirse que en propiedad se remonta a la época de la conquista española, que a su vez es menester juzgarlo así, que este pensamiento ha de encontrar su origen en los invasores que ocuparon España, gente aventurera (músicos, bailarines, juergueros, mercaderes, pillos), en fin, árabes errantes en busca de salir de su “patria” para lograr riquezas y ser alguien. Por osada suspicacia hemos de colegir que por bondad de su herencia tendría que haber sido la frase favorita de los españoles empobrecidos para atreverse a salir de ella y venir a América (Tahuantinsuyo) para hacerse rico en oro y alcanzar notoriedad a través de los títulos nobiliarios al que podrían acceder, oportunidad que sólo era posible para los que se atrevían a dejar España empujados por la idea de que “Nadie es profeta en su tierra”. “Cuando los perros ladran es señal de que estamos avanzando, Sancho”
El convencimiento de los súbditos españoles era hacer ladrar a los perros. “¡Hombre! quedarse en España a no ser nadie o salir de ella para ser alguien ¡Coño!”
Este pensamiento ha ido amoldándose indudablemente a través del tiempo a circunstancias nuevas dentro de la vida republicana nacional como una de las muchas pésimas herencias que nos dejó España.
Instaurada la frase en el pensamiento popular del Perú republicano, ha ido manejando las conductas de los pueblos desde los hogares, frente a lo que significa el desarrollo personal en una sociedad devastada material y espiritualmente por el imperio español, especie de cadena de pensamientos que van desde el pueblo más pequeño hasta el más grande del Perú(Lima), de modo que cada peruano crece con la idea de usar al lugar de nacimiento como el primer trampolín si quiere ser alguien en la vida, en una especie de escalamiento que nace en el ámbito rural y va subiendo por la escalera promisoria en orden al tamaño del pueblo que va dejando; por poner un ejemplo, debemos salir de Cabana hacia Arequipa, de Arequipa a Lima, de Lima a Harvard para ser profeta.
Habría que especular. ¿El cholo habría sido profeta si no salía de Cabana? ¿Habría tenido mi carro a los 21 años si emigraba a Lima? Podemos decir que sí o que no, pero ambas respuestas son indemostrables. El producto nada santo de esta frase es que se pinta como absoluta e irrebatible, debido al peso de la formación recibida en este sentido que probablemente termina haciendo realidad una fantasía alimentada desde la niñez en los hogares y que dejan pobre como estaban a los pueblos y al campo.
Las consecuencias nada santas de este pensamiento de que nadie es profeta en su tierra ha venido perjudicado a nuestros pueblos hasta nuestros días y lo hará por un par de siglos más si no cambiamos de filosofía. Este pernicioso pensamiento impregnado en el convencimiento popular, deja sin capital y sin talentos a los pueblos, pues apenas es posible mudarse ya lo están haciendo quedándose en el lugar sólo los que por alguna circunstancia no pueden irse, sea porque no se sienten capaces de empezar una nueva vida en otro lugar o por razones de atadura familiar, o porque los que lograron ser profetas, siguen viviendo su oportunidad pero van enviando a sus hijos fuera del lugar.
Pensamiento que alienta la migración del campo a la ciudad por lo que gran cantidad parte del campo al caserío más grande, de ahí a la capital del distrito, luego a la de provincia, el siguiente escalón es la capital de la región y por último Lima, paradero final del dinero y de los talentos del país; como el pensamiento está impregnado en la sustancia de la concepción de desarrollo personal, de Lima van al extranjero. Ojo. No necesariamente se mantiene el orden. Sí, ocurren saltos.
Nadie es profeta en su tierra. Fantasía impregnada en el sentimiento de los pueblos pobres que ha ido haciéndose una realidad por donde casi todos rodamos convirtiendo este hecho en uno de los muchos factores de pobreza de nuestros pueblos que la educación nacional no se da cuenta o no quiere resolver.
El resultado de esta filosofía de pueblo pobre, jamás será un aliado para cultivar en la población el amor a la patria o a nuestro lugar natal. Al final uno se marea en la inquietud de que si este pueblo no tiene talentos porque es pobre o es pobre porque no tiene talentos. Todos se fueron. Entre los pobres, Iquitos es una gran muestra.
Los verdaderos hijos predilectos son aquellos que se quedan o retornan a hacer patria en su tierra, sin que ello signifique que no debemos salir a otros lugares a enriquecernos con otras culturas, no, sabemos que eso es bueno, no se nos interprete mal.
Bien. “Nadie es profeta en su tierra” vamos a entender “tierra” como país, o sea: “Nadie es profeta en su país”. Entonces, ¿Pensarán lo mismo los ingleses, alemanes, los canadienses o estadounidenses? No creo. Esta frase no es filosofía de los países que se han desarrollado. Si así fuera, estarían como nosotros. ¡Apuesto doble contra sencillo!..
La nueva filosofía debe ser que profeta nos hace la forma cómo pensamos, cómo actuamos, cómo vivimos, cuánto aspiramos y qué hacemos. ¡Eso nos hace profeta aquí o donde sea!
Mantener la idea de que nadie es profeta en su tierra es el peor daño que se le pueda causar al desarrollo de nuestros pueblos. Aquí tiene harto trabajo la calidad de la educación, cambiar esta filosofía de pueblo pobre en lugar de alentarla es su gran tarea.





