En lengua nomatsigenga, Tsiroti es el nombre que se le da al paucar negro, ave que imita cualquier sonido o silbido producido por otros animales. Pero Tsiroti es también el nombre de un aplicativo para celulares y tabletas que dentro de poco permitirá a sus usuarios conocer y hablar dicha lengua.
A diferencia de otros aplicativos, Tsiroti emplea canciones como medio principal para el aprendizaje, explica Franz Chuje Panaifo, ingeniero de sistemas y consultor del Ministerio de Cultura, quien lleva tiempo dedicado al desarrollo de herramientas digitales para la conservación y difusión de las lenguas originarias.
La idea de un cancionero surgió en junio, y el proceso hasta materializar el aplicativo tuvo como ingrediente favorable que ya se contaba con un acervo de canciones: 16 hasta entonces producto del trabajo realizado por el Proyecto Documentación de la lengua nomatsigenga, que nace el 2013 y recibe el impulso de diversos actores académicos, de organizaciones indígenas e independientes.
La oportunidad de cerrar la primera fase del trabajo se dio la segunda semana de julio, en NOPOKI, sede indígena de la Universidad Católica Sedes Sapientiae en la ciudad de Atalaya (Ucayali), en un encuentro de antropólogos, líderes, estudiantes y funcionarios del Estado.
Por aquellos días, dieciséis estudiantes nomatsigengas de Educación Intercultural Bilingüe renunciaron a sus vacaciones de medio año y trabajaron en el aplicativo, componiendo y traduciendo, al punto de aumentar a 31 el número total de canciones, precisa Lee Bendezú Bendezú, lingüista y también consultor del Mincu.
Ambos, Franz y Lee, veinteañeros apasionados por la conservación de las lenguas originarias, están convencidos del enorme poder de los aplicativos y la fun-ción pedagógica que tienen. “Se pueden hacer infinidad de cosas; nos han dicho los alumnos que incluyamos gramática y hasta poesía”, dice Franz.
El nomatsigenga (de la familia lingüística Arawak) es una lengua que hablan alrededor de ocho mil personas en la selva central, según un censo del 2007. Se trata de una lengua vital, esto quiere decir que es hablada por todas las generaciones: niños, jóvenes, adultos y ancianos. Pero esta realidad no es compartida por otras lenguas de la Amazonía.
Uno de los casos más preocupantes salió a la luz a fines del año pasado, cuando asesinaron a la última mujer hablante de resígaro, Rosa Andrade Ocagane, de 67 años. La única que hoy habla la lengua es su hermano Pablo, de 65. Como el resígaro, otras lenguas, de las 43 que se hablan en la Amazonía, tienen cada vez menos hablantes.
En contextos difíciles, iniciativas como Tsiroti toman mayor cuerpo y se vuelven necesarias. El aplicativo reúne canciones con temas como la identidad del pueblo Nomatsigenga, la nostalgia, su hermandad con los asháninka. Habla también del masato, bebida tradicional hecha a base de yuca, y de las aves que representan a la mujer.
“Con el aplicativo se busca sacar a la lengua del espacio común que es el hogar. Se trata de empoderar al hablante y que vea que su lengua se puede usar en otros espacios, como en sistemas informáticos. Es empoderar y visibilizar a los pueblos y a su cultura”, explica Lee.
Franz cuenta que tomó conciencia de la importancia de las lenguas originarias cuando hace un par de años, como parte de su trabajo, por aquel entonces, en el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana, visitó una comunidad ubicada a 20 minutos de su natal Iquitos y vio cómo una aplastante mayoría había dejado de hablar su lengua para dar paso únicamente al castellano.
“Los aplicativos para celulares son tan sencillos, haces clic, sale el audio, y esto le sirve a la gente”, asegura. Destaca que el argumento que en las comunidades no hay celulares, es hoy obsoleto, ya que, según estudios, el nivel de penetración de los pequeños aparatos en la Amazonía es enorme. (MIPR)