Sentir ciudadano

El caso en investigación del asesinato del niño de 11 años, Elmercito, como ya lo conocemos cariñosamente, es el rostro de muchos más como él que sufren por la pérdida de valores en nuestra sociedad, que dolorosamente no es el primer caso, ni quizás será el último.
Es una cruda realidad que nos llevaría a incontrolables lágrimas contenidas por una fe y esperanza, que con la decisión de todos y todas lograríamos que se presenten menos casos tipo Elmercito. A estas horas cuántos niños y niñas sufren de abusos y nos invade la impotencia, mas no nos inmoviliza ni mental ni físicamente.
Mientras la policía y fiscalía siguen investigando los pormenores de este crimen, nos duele demasiado, y el sentir ciudadano se muestra con actitudes de venganza colectiva al pretender atacar a los presuntos asesinos y hasta desearles máximas penas.
Todo esto en medio de otras crisis que afrontamos en el día a día, y es en estos momentos que debemos buscar el equilibrio emocional para evitar más violencia y para adoptar las medidas preventivas de forma individual y como sociedad, a fin de hacer que disminuyan casos de crímenes como el que nos ocupa.
De principio, los creyentes en Cristo rogar por el alma del inocente niño que fue Elmercito, que encuentre la paz divina, y en segundo lugar estar atentos a lo que sucede en nuestro entorno, cuántos niños más pudieran estar en riesgo de este tipo de agresiones fatales, o de otras formas de violencia.
Tenemos que pensar que nuestra sociedad, nuestra ciudad, nuestro pueblo o en nuestra comunidad somos una sola familia, que nuestros niños y la juventud son nuestro máximo tesoro y debemos cuidarlos, a todos y todas sin discriminaciones.
Nuestro pequeño Elmercito era uno de los niños humildes donde ciertos miembros de su familia y, al parecer, su propia madre no lo protegió debidamente. Esto se hubiera podido prevenir si nuestro sistema social se orientaría a dar la máxima protección a nuestra infancia. No existirían hostales donde no registran a los ocupantes y así una larga lista de actos que está en manos de los adultos y de las autoridades.
Nuestro grito de justicia que sirva para que los culpables reciban su merecido, pero también para brindar la protección a los otros menores de esta familia y todos sus miembros que necesitan en medio del dolor paz espiritual, soporte psicológico, y apoyo material.
Además, que se clarifique la conducta del padre de Elmercito, si estaba cumpliendo como progenitor, cómo no pudo advertir que su niño se encontraba en grave riesgo por el perfil de conducta de la madre, si hizo saber a las autoridades de familia este riesgo.
En realidad cualquiera de nosotros lo puede hacer finalmente. Dejemos la indiferencia del uno por el otro. El daño que ocurre en cuatro paredes finalmente nos va dañando a todos de a poco. Actuemos para revertir los daños sociales.

Comparte esta noticia en:

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email