Cambalache, el viejo tango de Enrique Santos Discépolo, dice que el mundo fue y será una porquería, ya que en el 500 fue y en el 2,000 también.  Nadie ha podido adelantarse tan certeramente a esta calificación dada al mundo que vivimos.
Por otra parte, Einstein, fue de la idea de que cuanto más avance la tecnología, más estúpidos e imbéciles habrá. Y los hay por millones en estos momentos en que nadie puede vivir sin Internet y sin un aparato de telefonía móvil.
En las comunicaciones por prensa, radio y televisión hay una especie de concertación para propiciar cada día más la manipulación de la gente, lector, radioescucha o televidente, dándole información sobre intrascendencias como que hoy una fulanita tiene por novio a zutano y mañana ya cambió de pareja, o que fue “ampayado” en un hotel con otra pareja, ese tipo de cosas que se podría transmitir en horas de la madrugada, cuando los niños ya estén durmiendo, pero se exhiben programas con presentación de modelos en brevísimas prendas íntimas, que muy poco dejan a la imaginación, cuando precisamente toda la familia está reunida en la mesa familiar, sea en la casa o en el restaurante.
Eso es totalmente atentatorio contra los menores, lo que a los padres ni les va ni les viene, porque ellos son los primeros en interesarse en esa especie de circo de medio pelo, son adictos al chisme y a la maledicencia.
A eso hay que agregar que las grandes compañías que producen alimentos, medicamentos y distribuyen artefactos electrodomésticos tienen en este tipo de espacios, sus ventanas preferidas para publicitarse, porque saben que eso es lo que prefiere la mayoría de la población.
Una lástima, que los medios que deberían ser portadores de cultura y valores, sean los que deforman la personalidad de la gente.