Por: Alexci Igor Chong Ríos
(Egresado del Doctorado en Gestión Económica, UNMSM)

 

 

En nuestro planeta siempre han existido dos antípodas del pensamiento económico, los defensores del capitalismo y los defensores del socialismo. El 24 de octubre de 1929 conocido como el «Jueves negro» fue el punto de partida del nacimiento de dos ideas contrapuestas dentro del capitalismo. Amigos personales, pero opositores en ideas, John M. Keynes, un inglés reconocido como el padre de la macroeconomía moderna y defensor de la intervención estatal, y Frederick Von Hayek, un austriaco que consideraba que la intervención estatal era una amenaza para la libertad, ultra defensor del libre mercado.
A diferencia del Socialismo, cuyo objetivo es la planificación central, como por ejemplo las empresas son de propiedad estatal, cuánto producir, qué precios fijar en el mercado, salarios, etc. la teoría keynesiana sostiene que el Estado debe gastar más en épocas de crisis (conocido como políticas fiscales y monetarias expansivas) y en consonancia con el socialismo, las fuerzas del mercado causan un abuso en la sociedad. Más de 1/3 de la población mundial estaba alineada al socialismo. Fue entonces que en 1929 se dio la primera crisis capitalista mundial en los Estados Unidos y rebotó hacia Europa. Empresas e industrias quebradas, colas para recibir alimentos y más de 15 millones de desempleados, fue el fruto del dominio capitalista.
Ante esta catástrofe mundial, la puesta en marcha de las ideas de Keynes recobraron el auge económico en los Estados Unidos y Reino Unido y su figura fue elevada a los altares de la ciencia económica. Sin embargo, su amigo Hayek, fue relegado al olvido y tuvo que regresar a Austria a vivir una vida rutinaria y de olvido. 30 años hicieron florecer la economía norteamericana y la de sus socios y no fue sino hasta 1971 que se presentó un nuevo fenómeno económico, la «estanflación», que es inflación más desempleo y las recetas Keynesianas no mejoraron la situación, por el contrario, la agudizaron. Fue entonces que a través del presidente Ronald Reagan en USA y Margaret Thatcher en el Reino Unido, las ideas de Hayek hicieron retornar la implantación del sistema capitalista de libre mercado, como ideología imperante.
La Unión Soviética gastaba más del 50% del presupuesto en su ejército, mientras su economía se desmoronaba. En China la pobreza se acrecentaba. En Latinoamérica aún se aplicaban recetas del modelo socialista, como Fidel Castro en los 60 en Cuba, Allende en los 70 en Chile, Perón en Argentina, revoluciones en marcha en el resto de países sin conocimiento de un norte a seguir. Aquí surge un pensamiento latinoamericano, la «teoría de la dependencia del desarrollo económico» indicaba que si se desea un crecimiento económico se debía elevar los aranceles a las importaciones y desarrollar una industria por sustitución de importaciones, caso contrario, serán víctimas del mercado internacional. Sin embargo, las limitaciones al estudio de la tecnología, la investigación y el conocimiento no hicieron prosperar el modelo.
Chile, durante el régimen de Pinochet dejó la conducción de política económica a los Neoliberales de la escuela de Chicago con Milton Friedman como mentor. En Bolivia, Gonzales Sánchez de Lozada recurrió a Jeffs Sachs de la Universidad de Harvard para detener una hiperinflación de 20 mil por ciento y sentar la base de la economía de mercado. El influjo de las políticas económicas en Chile y Bolivia aunado a la caída del muro de Berlín y la transición del Socialismo al Capitalismo en la Unión Soviética de la mano de Gorbachov con su conocido Plan la «Perestroika» ocasionó que países como Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Rumania, optaron por la economía neoliberal de libre mercado como norte en la dirección de sus gobiernos.
China, vio cómo el Japón, Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwan, crecían bajo el capitalismo, y el líder comunista que perteneció al círculo de Mao Tse Tung, Deng Xiao Pin, estableció la transición de China al sistema capitalista de libre mercado. A diferencia de Rusia, que la industria representaba el 80% de la economía, en China el 80% era agrícola. Sin embargo, se implantó el sistema capitalista, con características y condiciones de ambos países, que veían al capitalismo como un requisito real al socialismo, de acuerdo a la teoría dialéctica de Marx.
El sistema capitalista es el sistema imperante en la economía mundial. Con el proceso de la Globalización y el poder monetario del Dólar Americano, la «financiarización» se ha convertido en la locomotora de la sed irracional de acumulación de riqueza. Aún vivimos discutiendo modelos aplicables en nuestro país. Implantar un nuevo modelo económico representa un discutible cambio constitucional. La política económica debe ser dirigida por el Gobierno, sin perder de vista el bosque, que viene representado por el sistema capitalista mundial. El problema radica en que los seres humanos son convertidos en factor de acumulación de capital, vulnerando derechos. Negociaciones internacionales que van en perjuicio de la sociedad, sistemas legales que favorecen a los corruptos y priorización a decisiones económicas que favorecen a los grandes bancos que van en detrimento de los ciudadanos, son características de una ideología que impera en la actualidad. Se reclaman como una ideología de «Libertad», sin embargo se reclama el derecho de no ser de «Justa» y de «Inequidad».