Cuando hace más de veinte años visitamos Tamshiyacu y luego lo hicimos antes de que ingresara la empresa de cacao, la encontramos como detenida en el tiempo, apacible, hermosa, donde se respira a río y aire más puro que en ciudades tugurizadas por vehículos motorizados.
Cuando estalló el tema de la empresa del cacao tuvimos sentimientos encontrados porque por un lado se hablaba de una muy grande inversión para Tamshiyacu, pero por otra el tema de la destrucción de la naturaleza nos causaba dolor e impotencia. Era impactante ver fotos de la zona con inmensas extensiones de terreno “peladas”.
Al paso del tiempo y el cambio de una nueva empresa en la zona, aunque se quedó la duda de estar sin aparecer en el mismo la primera empresa que ingresó, tuvimos la oportunidad de recorrer esos territorios, nadie nos contó, lo vimos. Entonces pudimos ver que hubo un incursión con errores como el no haber respetado ciertos cursos de aguas naturales, fueron como selladas.
Esto nos hizo recordar a una visita a una zona del bosque amazónico de la frontera colombiana, donde sí aplicaron el respeto a los cursos naturales de agua y que la ingeniería se encargó de esquivarla o adaptar a sus diseños lo que la naturaleza tenía ya ahí antes de que nadie llegara. Acciones contrarias lleva a fuertes multas, además.
Eso al ver en ciertos tramos nos puso en duda obviamente sobre la intervención respetuosa que tuvieran de la naturaleza. Pero, sin embargo, las dudas también se dieron en otro sentido, y era respecto a la gran cantidad de trozas de madera que habrían sacado de la zona, obvio que ello no hubiera pasado desapercibido, por lo que la teoría que eran tierras de uso agrícola tenía mayor peso.
En el plano judicial este caso conocido como Tamshi por el nombre de la empresa que entró en un segundo momento ha sido visto en la Corte Suprema de Justicia, que ha ratificado lo resuelto por la Sala Penal de Apelaciones de Loreto, al determinar que Tamshi no cometió ningún delito ambiental quedando en calidad de cosa juzgada después de 9 años.
Volviendo a cuando estuvimos de visita en Tamshiyacu y la zona del cacao, encontramos a la misma ciudad apacible, un poco más movida por la actividad del cacao, una sensación de esperanza puntual de que esta empresa de ambiciosos objetivos como el de producir el “cacao más fino del Perú” podría dar la talla, porque con capital sí cuenta y desde su inicio ha generado puestos de trabajo, problemas también en ciertos comuneros, como es la vida.
Lo que debe prevalecer es un monitoreo permanente de su accionar como empresa y con su proyección social a la comunidad y en la apuesta por el desarrollo. Tal vez una nueva etapa y prometedora sea retomada.

Artículo anteriorPRESCRIPCION
Artículo siguienteDefensa civil de Maynas continúa entregando madera a zonas inundables