Sin estar seguros de que el año escolar se va a cumplir, porque ya están comenzando los preparativos para un paro nacional convocado por los maestros, lo que será el primer paso para una huelga de esas que nunca terminan, queremos expresar una de las muchas preocupaciones que tenemos con relación a la educación en nuestra región.

 

Ya se ha dicho que los conocimientos que reciben los educandos, no son los más cercanos a su realidad, especialmente de los escolares de Loreto, o de la selva peruana en su conjunto.

 

Nuestros niños primero saben de la existencia del león, el guepardo y, el elefante, antes de conocer la fauna y flora de nuestra selva, la necesidad de mantenerlos en su hábitat, de protegerlos de los depredadores, de las bondades de los árboles y las plantas y, de su utilización.

 

La educación, esa que se imparte por disposición del ministerio de educación, es obsoleta, repetitiva y nada crítica. El alumno tiene que aprender de memoria conceptos que han sido superados, historias que con el tiempo han quedado como falacias oficiales que hay que mantener, porque así conviene.

 

Esa conveniencia de impartir una educación que no despierta el sentido crítico, ni ver las cosas con sentido común y no sometidos a dogmas oficiales, ha convertido al peruano en alguien a quien se le puede, fácilmente, inducir a aplaudir a cualquier desubicado que se erige en “líder”, consiguiendo su voto. Por eso tenemos autoridades que nunca debieron ser elegidas, por eso estamos como estamos.

 

Mantener al pueblo en la ignorancia es una meta trazada por el centralismo, desde hace muchas décadas, hasta el punto de haber logrado que aplauda y opine de la forma más simplona “que robe, pero que haga obra”. Una resignación digna de borregos.

 

La educación debe considerarse como un medio liberador de la esclavitud de la ignorancia, no como un método de sojuzgamiento a la persona.