Más de una vez en este espacio hemos tratado el tema de la pobreza que con su secuela de problemas, muchos de ellos trágicos y marcados con la indeleble marca ígnea que deja el fuego de las sociedades del mundo, va creando odios y resentimientos, muchos de ellos injustos.

Pero la pobreza no tiene fronteras. La mayoría de nuestros célebres pensadores han escrito sobre  el tema, destacando uno que, creemos, ayudará a mirar la pobreza con otra óptica; en tal  texto el columnista nos dice: “Siempre se ha tenido a la pobreza, no como una enfermedad social, ni siquiera como un mal y si podría tener esta calificación, se le consideraba un mal transitorio, que no hace daño y es  de exclusiva responsabilidad del individuo”.

Hay que aceptar  que el mundo  y con él el número de la población pobre que ha aumentado en progresión geométrica, a nivel mundial, al extremo que ahora la  globalización ha dividido al mundo, en sociedades pobres y sociedades ricas, las mismas que viven en permanente conflicto, asediando las primeras, con los flagelos que genera esa pobreza, a las sociedades ricas y haciendo que se viva en confusión y caos. La pobreza ahora es una enfermedad social que lo padecen los pobres y con los flagelos que generan están haciendo caóticas la vida de todos, de los mismos pobres y de los ricos.

Casi un tercio de la población mundial acusa grave pobreza o extrema pobreza. Pero el concepto de pobreza viene  cambiado tanto, que el concepto real y verdadero de la misma, va a permitir a los Estados, a los organismos Internacionales y a las Instituciones afines, combatir esta pobreza aguda y crónica, eficazmente, al punto que va a lograrse la apertura de una nueva era de bonanza y prosperidad que hará posible que la vida humana, de una inalcanzable plenitud, consiga para sí la vida ideal.

Si la pobreza quedara  reducida únicamente a la ausencia del pan nuestro de cada día, el pobre viviría de esperanzas y esa pobreza no generaría flagelos y tampoco afectaría el buen vivir de las gentes, pero este concepto de pobreza, cuando se combate con el pan nuestro de cada día, genera más pobreza y esa mayor pobreza que se combate equivocando la medicina, no va a tener cura.

Pero la pobreza, no es únicamente la falta de pan, no sólo porque el buen Dios ha dicho que no sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre y la mujer han superado situaciones de primitivismo en que vivía la primera humanidad, que la  línea casi invisible que separaba a la especie humana de las especies animales irracionales, fueran superados por la misma calidad humana del hombre y la mujer que han recibido, como generosidad divina, el potencial supremo de ese órgano que denominamos CEREBRO.

Con el cerebro se ha interpretado las leyes de la naturaleza, y gracias a ello, nuestra especie, ha creado artefactos portentosos y maravillosos, que le ha permitido mejorar su calidad de vida y dominar el medio ambiente, someterlo a su voluntad y evitar que ese medio influya, llegando a detener el proceso evolutivo de la especie humana, y empezando, con su conocimiento, y su inteligencia el perfeccionamiento del hombre y la mujer, para alcanzar la vida ideal.

Se trata pues, de dar al hombre y a la mujer, lo que se viene en llamar el capital conocimiento para poner fin radicalmente a la pobreza; es decir, educar a la población mundial, darle conocimiento, a todos los hombres y mujeres para que se conviertan, en sujetos actuantes y pensantes, capaces de crear formas que les haga dejar de lado remilgos y perezas para así  producir bienes y hacer eficientes la prestación de servicios así como alcanzar elevado nivel ético y moral a la altura de su condición humana.