Fernando Herman Moberg Tobies
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@FernandoMobergT

 

Mariana camina pensando en su pasado, recordando la ciudad que la vio nacer y que la dejó alejarse. Ahora en las calles de Dublín no sabe si las formas de las nubes o el ruido de las hojas fue lo que la llevó a extrañar Ayacucho, ya pasaron veinte años que las circunstancias la empujaron a salir de su país, teniendo la certeza que fue la mejor decisión, pero solo hasta hace unos segundos.
Mira el cielo, pensaba que ya no tenía vacíos, que la decisión que había emprendido años atrás la había llevado a la realización que toda persona anhelaba, pero al parecer solo intentó olvidar, esconder las ideas que podrían aparecer a rasgar la tranquilidad que busca toda alma humana; siente nostalgia de sus sueños, de todo lo que ha conseguido, se ha convertido en una mujer tan diferente a los ideales que tenía en su juventud.
«No me importa si no entiendes lo que hago padre, no tengo por qué aceptar que comprendas, yo trabajo y estudio, yo respeto tus costumbres y deberías hacer lo mismo;  yo siento que lo que hago es correcto, seguiré con la marcha que estamos organizando con mis amigos, nosotros no somos delincuentes, somos jóvenes consientes cansados de un sistema corrupto, cochino, injusto y marginador» «Pero hijita no puedes andar tras las autoridades sacándoles sus malos manejos, te van a matar, no vas a poder conseguir trabajo en ningún lugar, acá no hay oportunidades, quemarás las pocas que puedas conseguir cuando acabes la universidad, tienes que irte al extranjero» «Esos países tienen la culpa de toda nuestra desgracia, Europa y Estados Unidos son manipuladores y saqueadores, demuestran bondad y elegancia cuando por lo bajo sólo crean pobreza y cúpulas con las que mantienen la desigualdad, no padre, no quiero trabajar en ningún otro país más que acá en mi ciudad, acá demostraré que se pueden hacer bien las cosas»
Se sorprende de una de las discusiones que tuvo con su padre por la lucha social que se había apoderado de sus convicciones, no la llegaron a matar pero sí lo hicieron a quienes le dio la vida. Aún sin poder reaccionar a la matanza que arrasó a su pueblo por supuestamente albergar a terroristas que inclusive ellos no los aceptaban, el sacerdote de la comunidad la llevó hacia Lima para luego buscarle asilo político en Irlanda.
«Oye Ocaña estamos fregados hermanos, ahora todo cuesta, tenemos que pagar matricula, tener monedas para la leche, el pan, trabajar para pagar cosas como la luz, los que vinieron con plata solo han metido un sistema que no es de compartir, antes todo lo que comíamos lo sembraban nuestros padres y compartían entre todos los del pueblo, la educación no dependía de comprar cosas, no necesitabas ni pagar luz ni trabajar como eslavos para hacer ricos a otros, podríamos estar con la familia, con la naturaleza de dónde venimos, no tiene lógica volvernos tan artificiales cuando venimos calatos y nos vamos sin nada»
Mariana se detiene, se sienta en el borde de la calle desierta, todos están trabajando, saca el carnet de la ONU donde actualmente trabaja como asesora del secretario general, desde que llegó a Europa el acuerdo que firmó involucraba cortar todo vínculo con su país, ingresó a un programa donde volvió a estudiar la universidad y recibió acompañamiento psicológico, superó los traumas de la violencia que observó y logró fortalecer sus nuevos autoconceptos en generar el bien de una forma que antes ella criticaba.
«Da cólera cómo se pintan de buenitos los gringos, eso de la UNICEF, OEA, UNESCO, ONU, y algunas ONG ambientalistas, vienen a querer educarnos como les da la gana, a como ellos consideran que debe ser, a querer proteger patrimonios y espacios que sus financistas ya no tienen porque lo devoraron industrialmente, materialistamente, vienen a direccionar nuestro desarrollo e imponer sus estilos de vida ¡qué cólera! Desde la conquista de nuestra cultura nos han impuesto todo lo que debemos seguir de afuera, pisando nuestras raíces, creencias y autonomía»
Esta consternada, sus lágrimas caen sobre su rostro estampado en su fotografía de la organización en la cual ella hoy en día intenta destinar proyectos para mejorar la pobreza de  ciertos pueblos tercermundistas olvidando de que los que crearon esos espacios de representación internacional podrían tener intereses escondidos.
«Mira Justina tu más que nadie sabes cómo es la cosa hermana, el ingeniero que te ha violado le dio dinero al juez, a la policía y al alcalde del pueblo, cuando le enfrentamos le quitamos su celular y encontramos como negociaba con los empresarios para vender los terrenos junto al alcalde, él tenía su ONG y por ahí limpiaban el dinero de las obras que sobrevaloraban, a las finales terminó siendo congresista. No podemos permitir que se burlen de nosotros, negocian con la vida de los pobladores como si fuéramos animales ¡Debemos seguir! No te sientas amenazada, eso es lo que quieren, no bajaremos la cabeza, así nos digan que somos locas regaladas, estamos protestando por las personas que como nosotros estuvimos a punto de callar abusos ¡Sigamos! Tenemos que armar esta nueva marcha o se llevarán nuestros sembríos»
Había bloqueado cada estímulo que la conectaba a su tierra, estudió becada en la Universidad de Oxford, se relacionó con las personas con las que estudiaba y se adaptó como todo ser humano, dejando su acento, su rostro de penurias, las noches de pesadillas, era el precio que tenía que aceptar para dejar el sufrimiento de la culpa, tenía que dejar todos los rastros de su pasado inclusive su propia personalidad.
«Te voy a pedir por una sola vez con todo mi amor querida hija que me hagas caso, he cavado un hueco debajo de la mesa de la cocina, está tapado con una estera, quiero que entres ahí y no salgas hasta que el padrecito de la iglesia venga a buscarte, Marianita por favor no podría soportar ver que te maten, tu eres nuestro regalo más hermoso de la vida, métete ahí hija y por nada del mundo hagas ruido, el ejército enviado por el alcalde está llegando al pueblo, nos han pintado a todos de dar hospedaje a los terroristas que están contra el gobierno, nos matarán a todos sin excepción, ya lo hicieron en otros pueblos, estos corruptos miserables aprovechan para esconder sus corrupción tildándonos de algo que no somos». Ingresaron siete uniformados de verde con una especie de media negra que les cubría toda la cabeza, buscaron en los cuartos y al no ver a nadie más, todos dispararon contra los padres de Mariana; no podía moverse por la impresión de la frialdad sucedida, nadie pregunto cómo se llamaban, no pidieron documentos, sólo dispararon sin piedad.
No puede creer cómo se puede esconder cosas por tanto tiempo, terminó la universidad y su nuevo círculo social le abrieron puertas en el sistema que sub dirige al mundo, funcionarios importantes que vienen de alcurnia y pocos bendecidos por oportunidades piadosas de la vida como el caso de ella; en su primer trabajo le dieron un Audi, un pent-house, merecedor de su esfuerzo y trabajo, detalles que terminaron siendo parte de su vida; hasta ahora regresaba cada verano a Dublín, no tiene familia y el barrio donde estudió la preparación para su beca y donde siguió su terapia es el lugar que siente que es su hogar, o sentía hasta hace unas minutos.
«Qori hermano, compañero, me tengo que ir, mis padres han sido matados por mi culpa, prometí que iría con el padrecito, si no me voy van a terminar buscándolos a todos ustedes, ya no podemos seguir luchando, hemos perdido Qori, no podemos ir contra el sistema, nos ha derrotado, nos han vuelto a demostrar que el dinero, el que tiene poder puede hacer lo que quiere y venderse de santo inclusive; no tengo ganas de nada, si me quedo acá siento que me moriré de la pena, no te olvides Qori que somos hermanos de nuestra tierra, algún día volveremos a unirnos para defender lo justo, lo real, lo natural, lo que somos, adiós querido Qori, no te voy a olvidar hermano».
Mariana se levanta desesperada, entendió el mensaje, corre hacia la avenida principal mientras llama a su chofer, corre desesperada, el viento le ha mandado una señal, la naturaleza de la cual ella es parte la ha vuelto a recordar quién es; corre sin dejar de llorar, el auto aparece, sube y pide que la lleven al aeropuerto, por su cargo en la ONU puede conseguir un avión privado.
Llega a Ayacucho después de catorce horas de vuelo, su pueblo no ha cambiado mucho, la explotación ha aumentado, la pobreza se observa más, las personas ya no comparten, ya no hay comunidad, todo es negocio. Llega al hospital y pregunta por su amigo Qori, la informan que ingresó el día de ayer de emergencia y pedía que llamen a Mariana por favor, que no quería morir sin despedirse de su gran hermana de la lucha social.
Mariana va deprisa hacia la habitación donde Qori está muriendo, le coge de la mano, está delirando pero él logra reconocerla, le da un beso en su rosto y este le agradece que haya llegado, le pide que se acerque a su rostro nuevamente y le dice: «Marianita no olvides para qué está destinado el ser humano, querida hermana, hija  de la pachamama».