Lengua salvable

Cuando en el 2012 nos enteramos que en colegios de Nauta, capital de la provincia de Loreto – Nauta se había incluido el aprendizaje de la lengua kukama kukamiria como parte de un esfuerzo de los docentes y con el apoyo de una organización externa, nos pareció genial, no solamente por el simplismo de decir qué bien que se revalore lo indígena, sino, porque los resultados estaban a la vista, escolares que iban recuperando la identidad con orgullo natural. Eso era el logro.

Ya en Nauta se hablaba de este programa que revaloró también el trabajo de los profesores bilingües y de los ancianos sabios de la localidad que fueron invitados a participar del proyecto hablando la lengua materna para añadir más palabras y expresiones al vocabulario kukama. Hasta se soñó que el ministerio de Educación podría cogerlo como una experiencia exitosa para incluirlo como programa desde el Minedu.

Pero, en temas educativos manejados por pedagogos distantes de las realidades, tampoco hay que ser ingenuos, como en política. Cuando el apoyo exterior llegó a su fin, se gestionó el respaldo del Ministerio a través de la Ugel, pero nada se pudo hacer, el proyecto estaba condenado a morir. Con mayor razón cuando nuevas directivas dejaron sin espacio para las horas del curso de kukama.

El kukama kukamiria es como muchas lenguas amazónicas, salvable. Lo que falta es voluntad y que iniciativas geniales como la aplicada en el colegio Nuestra Señora de Loreto de Nauta, sean respaldadas y llevadas a extenderse. Los estudiantes estaban manejando tres lenguas: castellano, inglés y kukama. Esto último encaja en el porcentaje de lo regional que manda aplicar el Proyecto Educativo Regional, que también está pendiente.

Estas experiencias exitosas de las que tanto buscaba y difundía en vida el profesor José Barletty Pascuale, que en paz descanse, no hacen eco en el ministerio de Educación, caso contrario hubieran apoyado para que no desaparezca el proyecto kukama referido. Y es una razón para que miremos con desconfianza los rimbombantes reconocimientos que se hace por la “lengua materna”.

Por un lado el ministerio de Cultura invita a revalorarlas y por otro el ministerio de Educación las condenan al ocaso, como en el caso específico que comentamos. Así la cultura y la educación no caminan de la mano, como se quisiera. La coherencia es un valor que nos falta practicar, como convertir en acción lo que pregonamos.

 

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