Lazo rojo

Un color que simboliza el amor, nos trae la preocupación por quienes contrajeron la enfermedad y el dolor por los que ya se fueron de la luz de esta tierra por su causa, y la gran interrogante del por qué ocupamos el primer lugar de número de casos.

La enfermedad del SIDA sigue robándonos el presente y el futuro de mucha gente loretana de todas las edades, pero principalmente jóvenes y no solamente de la zona urbana donde el alcohol y las drogas rondan temerarias.

Ya desde hace un buen tiempo ronda por nuestra zona rural y más allá todavía, entre las poblaciones indígenas amazónicas. Se piensa que puede que algunos turistas extranjeros la habrían transmitido.

El tema concreto es que está y nos repetimos una y otra vez que acaso las advertencias en las postas, centros de salud, hospitales, plazas y parques, por los medios de comunicación, en los colegios secundarios, no significan un buen medio en materia de prevención.

Los mensajes en último caso sobre los métodos para el cuidado como el uso del condón y si es doble dicen por ahí, mejor, no son suficientemente claros como para que signifique un alto a la satisfacción de nuestros naturales deseos biológicos o carnales. Mínima medida de prevención.

Se pensaba que porque no se habla claro del tema el contagio de esta enfermedad iba en aumento, ahora tenemos que hurgar en otras razones, buscar otras explicaciones a un fenómeno a modo de actitud donde el descuido y el desinterés por protegerse podría significar un suicidio sutil.

Es comprensible la decepción de quienes desde el sistema de salud han planificado campañas de información y llamados para cuidarse. Y de los profesores conscientes de su rol en el aula contribuyendo a la prevención, y de los padres y madres de familia que han tenido que aprender a hablar de la sexualidad con sus hijos.

Pero, y los adultos que también se abandonan y juegan con el riesgo de contraer una de las enfermedades más riesgosas por ser catalogadas como mortal. La respuesta no la tenemos. Solo podemos decir que más lazos rojos se siguen formando con velas encendidas en vigilia por los que partieron sin retorno. Cada uno de nosotros es responsable de sus actos.

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