Por: Daniel Montes Valles

Después de estudiar el comportamiento de las culturas y cómo éstas junto con sus creencias afectan el desarrollo en la riqueza y en la pobreza de los pueblos, el sociólogo alemán, Max Weber, acuñó la frase: “Las ideas tienen consecuencias”, concluyendo que es importante reconocer la raíz del problema para poder encontrar una solución.

Basta darnos cuenta que en la actualidad, vivimos problemas relacionados a la educación, a la actividad empresarial y hasta en la salud y, lamentablemente, estos siempre han ocupado los últimos lugares en nuestras vidas, dejándonos un sinsabor y la pregunta: ¿Cómo cambiamos esta realidad?
Para dar una respuesta a esta interrogante, nuestra tarea como individuos es ser intencionales y reconocer que nuestra labor principal está en trabajar en las ideas correctas que conducen a una sociedad libre y prospera.

¿De qué forma hemos sido afectados por malas ideas?
Recuerdo que, en la secundaria, un profesor de Historia siempre nos repetía que somos un país subdesarrollado, que somos un país pobre porque los españoles nos gobernaron, los españoles nos colonizaron y, por culpa de los españoles, hoy estamos como estamos. Han pasado 200 años y este discurso se ha repetido de generación en generación, definiendo comportamientos en los adultos y jóvenes de hoy.
Otra de las expresiones, fue al ver en las noticias a Hugo Chávez como presidente de Venezuela, repetir constantemente en sus discursos que ser “rico es malo”.
Otro acontecimiento que en lo personal también hemos sido mal influenciados, sin desmerecer a nuestros padres, es el hecho de que en casa nunca se habla acerca de la importancia del dinero, del ahorro, de la inversión y de saber tomar buenas decisiones.
Estos acontecimientos, como el caso del profesor, el expresidente venezolano y de nuestros padres repercuten de manera negativa en el comportamiento de los estudiantes, profesionales y ciudadanos en general. En ese camino, ¡señores! es tiempo de repasar la importancia en el valor de la vida y de la propiedad privada en nuestras vidas, y cuánto debemos entender que el valor de las “malas ideas” no nos pueden llevar a tener óptimos retornos de inversión.

Entonces, estos episodios de alguna u otra manera van quedando como una idea marcada en nuestras vidas desde niños y, que posteriormente, se ven reflejadas en nuestras acciones futuras.
Aún hay esperanza. Hoy tenemos la dicha de vivir en un país y en una era donde la información está en nuestras manos a través de un smartphone y podemos elegir qué tipo de saber y cuáles son los valores que nos van a permitir construir una sociedad prospera, libre y justa.

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