La Semana Santa 2017

  • La cruz de los Cristos de hoy y la pascua hacia una nueva ciudadanía:

Por: Adolfo Ramírez del Aguila.
Docente de Educación Secundaria

 

Ayer domingo, Domingo de Ramos, se inició la fiesta religiosa más importante del cristianismo. La Semana Santa es lo que es, justamente, porque en ella, los creyentes nos encontramos con la verdad de Dios y con la verdad del hombre. Es una fiesta aparentemente solo religiosa, sin embargo, todas las fibras de la sociedad actual se remecen, porque en los caminos de la historia del hoy coyuntural, se sigue actualizando la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazareth.
Si la Semana Santa fuese un acto meramente litúrgico y religioso, perdería su efectividad histórica de salvación y se transformaría en un acto alienante, rutinario y costumbrista. Si la Semana Santa fuese meramente un acto con símbolos sagrados de ramos, panes, cruces y cirios, perdería su esencia litúrgica en el hoy de la historia concreta, y terminaría siendo una ceremonia teatrera, mecánica y sin sentido existencial.
Y sucede en la realidad pastoral, que la gente «creyente» se acuerda que es cristiana solo cuando llega esta gran fiesta; y entonces, va a la misa del Domingo de Ramos, al viacrucis del Viernes Santo, a la Vigilia pascual del Sábado de Gloria y finalmente a la misa del Domingo de Resurrección, y después, se olvida de su ser cristiano. Sucede también que no muchos «cristianos» solo asisten estos días a las iglesias, solo para cumplir con los preceptos religiosos de bendecir los ramos, visitar los siete templos, comer chonta y dar un abrazo por la pascua de resurrección.
A lo largo de la historia del cristianismo, una de las grandes tentaciones institucionales, ha sido el de promover una fe desencarnada, una religión adormecedora de la conciencia ciudadana, una creencia domesticadora del innato espíritu rebelde del ser humano, y lo peor, una eclesiología que separa platónicamente el mundo religioso del mundo real. Este tipo de religiosidad alienante, ha sido el triste papel que muchas veces ha cumplido el cristianismo para acomodarse a los intereses de las monarquías absolutistas de los siglos pasados, a las órdenes de las dictaduras asesinas de las décadas anteriores y al proteccionismo de los gobiernos actuales democráticos que siempre han ofrecido concordatos y prebendas a los agentes eclesiásticos para «facilitar» su misión como religión oficial del Estado.
En un contexto político de asignación de un papel estrictamente religioso y cúltico a la iglesia, las fiestas como la Semana Santa, con feriados oficiales, resultan siendo actividades piadosas desconectadas del mundo y sus problemas. En el mejor de los casos, los actos litúrgicos, son espacios de aprovechamiento para llamar a las personas para acercarse a Dios y ser mejores ciudadanos desde su fe. La crítica al sistema capitalista imperante y sus resultados de empobrecimiento de las mayorías, siempre ha sido visto como una injerencia «política» de la iglesia y por lo tanto vetado desde los círculos del poder.
La Semana Santa peruana y loretana, no puede ser celebrada en el hoy de su historia, dando la espalda a los graves problemas de corrupción política, ni escondiendo la pobreza estructural escandalosa que excluye a los Cristos sufrientes que siguen crucificados en el Gólgota de los cinturones de pobreza de nuestras ciudades y más que todo de nuestros pueblos rurales. Celebrar la Semana Santa con homilías celestiales que no tocan los problemas terrenales, será siempre una religiosidad que servirá para los catálogos turísticos de alguna empresa que negocia hasta con la fe.
Si me voy a misa, ayuno, me confieso, miro películas religiosas, aprovecho el feriado para santificar las fiestas, y actualizo la pasión y muerte de cristo en la pasión y muerte de tantas víctimas actuales que sufren la violencia estructural, la exclusión y la discriminación de un sistema diseñado para privilegiar los derechos del capital sin importar mucho los derechos de las personas, será una Semana Santa auténtica. La pascua de la resurrección en Cristo, será entonces celebrado de una manera muy vivencial y cuestionadora, y me hará comprometer con la construcción de un nuevo mundo desde mi fe en un Dios resucitado.
La cruz de la corrupción generalizada no solo en la política formal sino en toda la institucionalidad de nuestro país, está matando nuevamente a tantos Cristos modernos que ven menguadas sus posibilidades de progreso y desarrollo personal, porque el dinero y la economía está orientada a enriquecer a los que tienen el poder. Aspiramos a llegar a un Domingo de Resurrección que nos devuelva la mañana de un nuevo día, en donde todos los hombres sin distinción, nos unamos como hermanos y formemos comunidades con verdadera fraternidad para experimentar de verdad, la presencia de un Dios resucitado entre nosotros.
El lema pastoral de la Iglesia de Iquitos en este nuevo año pastoral es: «Jesús está en ti, ¡Descúbrelo!» y la mejor manera de descubrir a Jesús resucitado es reconocer al otro como un cristo actual al cual tengo que unirme para construir la comunidad cristiana, pero también para ser el fermento de la comunidad local, ser la luz de la comunidad nacional y por qué no ser el ente mediador de la comunidad global sobre la base de un nuevo orden internacional.
¡Les deseo una Semana Santa de reflexión y compromiso!
Amén.

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