LA ESPERANZA DEL PERÚ EN MANOS DE UN NUEVO RÉGIMEN DE GOBIERNO.

Por: Luís Roldán Ríos Córdova rioscordva2010@hotmail.com

 

He tomado este tema en medio de mis reservas en cuanto a lo que el presidente Ollanta Humala  quiera o pueda hacer durante su gestión de gobierno.

Se dice que es la primera vez que una fuerza progresista llega al gobierno vía elecciones democráticas, que nos pone frente a frente con la oportunidad de cambiar y reformar el rumbo de la política y la economía del país. Siendo esto último sólo una posibilidad, lo primero no es cierto porque no ha ganado una fuerza progresista como tal, con su propia bandera, lo ha hecho con bandera ajena, pues para ganar las elecciones Ollanta Humala ha tenido que cambiarse de ropa y ponerse otra que está a la moda y entonado a los gustos de la derecha. Si se quiere, hasta podemos decir que el lobo feroz se ha convertido en sensata caperucita o tal vez sea una versión moderna del caballo de Troya sin que deseemos que se repita el carácter bélico de la estrategia troyana. Aquí las especulaciones se prestan para preguntar: ¿Y si el rival no habría sido Keiko?  ¿O si no hubiera cambiado el polo rojo por la camisa blanca? Al margen de ser una especulación, evidentemente las respuestas no nos permiten alegremente decir que ha triunfado la izquierda progresista. Pero en fin, ya está y vamos a apoyarlo en todo lo bueno que pueda hacer por el pueblo, entendiendo que es una obligación de ciudadanos de buena voluntad.

En un país extremadamente diverso incluyendo el intelecto, el deseo de inclusión y equidad se hacen igualmente extremadamente difícil, más aún si el flamante gobierno sólo pretende hacerlo con tradicionales medidas populistas de poca o nula sostenibilidad que no conviene para nada a las esperanzas de las nuevas generaciones que han de venir luego. Esto debe ser la preocupación del nuevo régimen para que los millones de desposeídos pasen a ser cada vez más ciudadanos que electores solamente, para eso tiene que apostar por el desarrollo humano como fundamento del crecimiento económico marcando distancia con la derecha tradicional defensora del neoliberalismo o capitalismo sin rostro humano que afirma que el crecimiento económico es el que genera el desarrollo humano, lo cual indudablemente  es discutible y bueno para canalizar en el país sólo tres grandes bloques electorales: los que dicen que el desarrollo humano genera el crecimiento económico.  Los que afirman que primero hay que crecer económicamente para luego promover el desarrollo humano.  Y los que dicen que ambos deben andar juntos.

En el desarrollo de estas corrientes del pensamiento político, no necesariamente la inclusión, la equidad y la justicia social deben hacerse bajo formas clásicas como el autoritarismo que niega la libertad, o el  clientelismo político que busca artificiosamente crear satisfacción popular, ni dejar todo al mercado liberando a la mayoría de peruanos de formas anticuadas de pobreza para hundirlos en formas modernas de ser pobres.

Entendiendo que las políticas sociales deben ser complementarias a las políticas económicas, la pregunta es: ¿Cómo hará para gobernar en función de los intereses de las grandes mayorías sin pelearse con los intereses de los poderosos acostumbrados a vivir de los pobres? ¿Cómo cambiar el país sin caer en autoritarismo, ni en populismos y sin tocar a los privilegiados del sistema?  ¿Cómo hablar de equidad y justicia en función de las mayorías?, ¿cómo propiciar el desarrollo equilibrado de las regiones sin afectar los intereses de Lima? Nadie ha tocado este asunto, por ejemplo, como si la pobreza de Loreto, de Puno y de todas las provincias “alejadas del país” no tuviera carácter político de dominación y de intereses económicos direccionados desde Lima, algo que personalmente tengo la esperanza que este nuevo régimen ponga o por lo menos trate de ponerle fin y Loreto sea el más beneficiado por primera vez.

Aquí, no se trata de invertir más únicamente, el asunto es invertir mejor, tampoco se trata de institucionalizar asistencialismos como los desayunos escolares, comedores populares en busca de mantener un alto grado de popularidad, no, se trata de incluir paralelo al programa de asistencia social un programa de capacitación y de promoción de oportunidades para los jóvenes con el objetivo de mejorar su capacidad productiva y no se acostumbren al asistencialismo que puede durar sólo lo que dura un régimen, pues, si bien es cierto satisfacen el hambre de hoy pero siembran el hambre de mañana generando una cultura de conmiseración creando una sociedad que  levanta la mirada no para  ver qué va a hacer hoy día, sino, para ver quién le trae algo ahora. Esperamos que este gobierno paralelamente haga que los programas sociales promuevan nuevas oportunidades económicas.

En este interín la lucha por la pobreza también debe fortalecerse descentralizando la inversión en turismo, agroindustria, artesanía, piscicultura,  aprovechando la diversidad cultural y ecológica vista como una oportunidad que nos da la naturaleza y la historia, desmotivando con esto la emigración de provincianos a Lima que a mi entender es uno de los principales y más importantes factores de desigualdades regionales en cuanto al beneficio del crecimiento económico que desde hace diez años se viene dando en el país.

El país de los peruanos pobres necesita cambios que le garanticen la inclusión y la equidad con justicia, pero, ¿Cómo le hará el Presidente Ollanta?  Si este cambio es tan duro, rudo, grasoso, hay que meterle comba, hasta pata de cabra para sacar algunos clavos oxidados hundidos en las tablas  de una derecha llena de privilegios fiscales, indudablemente necesita ponerse un polo de color para que no se vea la sucia, pero  él se puso camisa blanca. ¿Será posible arreglar el motor de este país sin ensuciar esa camisa blanca?

Bueno, la ruta es larga, larga como las esperanzas del pobre. Espero que la oposición cumpla su rol responsablemente y trabaje en busca de ayudar a los pobres a sentir el beneficio de los diez años de crecimiento económico del Perú reconocido por la comunidad internacional y que ayude a este nuevo régimen a satisfacer las necesidades de las mayorías con sentimiento de unidad nacional, no de unidad partidaria como siempre se ha hecho, que sólo postergan las justas aspiraciones de quienes sudan la jornada día a día.

Espero que con el gobierno de Ollanta Humala Tasso el dinero comience a entrar en los  bolsillos donde nunca ha entrado y que aumente ahí donde siempre hubo poco, aunque se diga que el dinero no da felicidad, pero  produce una sensación muy parecida.

Al final, siendo responsabilidad de todos, termine bien o termine mal este gobierno, diremos de todas maneras que nadie tiene lo que no merece.

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