José “Pepino” Verea en la entrevista que concedió antes de partir

  • El privilegio que el destino da a un periodista.
  • Ayer se fue a otras dimensiones justo el día del nacimiento del líder aprista
  • Luis Alberto Sánchez, que dedicó en su última publicación.
  • Y también en el Día del Encuentro de Dos Mundos. Muy a su estilo estaría diciendo: “esta fecha de mi deceso…está de la re…p”.

 

Corría la primera semana de este mes de octubre cuando José Verea Chávez, más conocido cariñosamente como “Pepino” fue requerido por el periodista Jaime Vásquez Valcárcel para que juntos lean el artículo que había escrito sobre su vida desde la mirada del entonces juvenil aspirante a comunicador.
La fascinante vida de Pepino en Iquitos tentó al periodista escribir sobre su vida en la fecha de su nacimiento, sin imaginar que el destino le estaba dando el privilegio de compartir la única y última conversación sobre parte de la historia de la comunicación social de Iquitos.
Y ayer se fue José Verea Chávez a otras dimensiones justo el día del nacimiento del líder histórico del partido aprista, Luis Alberto Sánchez, del cual fue militante y a quien refirió en su última columna del diario La Región titulada “Una fecha para recordar”. Y también en el Día del Encuentro de Dos Mundos. Muy a su estilo desde donde esté podría estar diciendo: “esta fecha de mi deceso…está de la re…p”.
Con la autorización del caso, publicamos el artículo del periodista Jaime Vásquez, que lo tituló: “Tu voz existe: Pepino, simplemente Pepino”. Aunque ya no existe más que en los registros de audio y en nuestra memoria, la última de José Verea sería escuchar en su propia voz su aviso de defunción que grabó hace dos años. Lo están buscando.
En seguida lo publicado en el diario Pro y Contra: “¿Impoluto? ¿Disoluto? Sí y no. La primera vez que le vi fue diferente a la primera vez que le oí. Se le escuchaba hasta en la sopa. Literal. Pero no se le veía con frecuencia. Y menos, conversar personalmente con él. No sé por qué influencias aquel final de 1983 y principios de 1984 me había impuesto la obsesión de trabajar en el sistema noticioso de una radio que aún no se inauguraba: Tigre.
Él estaba encargado de toda la programación de esa emisora que estaba “en período de prueba”. Y la inauguración se iba postergando. Inicialmente se pensaba iniciar operaciones oficiales el 5 de enero, como homenaje a la ciudad de Iquitos. Y, también, para que el accionista mayoritario de la empresa se gane alguito, políticamente hablando. Además, justificado.
Hoy, 38 años con sus meses y días, puedo decir con total orgullo que me encargué de ser ayudante del gerente de Radio Tigre en la repartición de las invitaciones. Y, vaya, no dejemos para el final. Rompamos el hielo. Ese gerente se llamaba José Ángel Verea Chávez. Pepino, pues. Ahí estaban, practicando y con el mismo propósito que este articulista, July Pinedo, Edgar Jhonston bajo la mirada atenta y el labio en eterno movimiento de un señor Manuel Túnjar que cada vez que podía le decía a Pepino: “Oye Pepe, dale oportunidad a este muchacho”.
Y lo decía en los momentos que ese muchacho iba al bar de al lado a comprar las cervezas que ellos tomaban y tenía la precaución de quedarse unos metros antes de la cabina para escuchar si rajaban de los ausentes y lo que escuchaba eran las bondades del señor Túnjar.
En ese tiempo Pepino tenía una moto “Suzuki” -ese modelo que tanto le gusta a su amigo Vaporito- que servía de movilidad y de la que me bajaba y subía después de entregar las invitaciones a la gentita.
Fue en la calle Fitzcarrald que le vi entregarse por completo a la instalación de esa emisora. Grababa las promociones, escribía los textos, besuqueaba a quien llegaba con faldas y a las acompañantes también. Todo eso -incluso las más impúdicas- las hacía en constante consulta con un libro grueso, pesado.
Que aliviaba, sin embargo, todo su trabajo: Un diccionario de sinónimos y antónimos. Qué tal material de consulta, hoy desaparecido de las mesas de redacción, de las cabinas radiales.
Ahí recibí las indicaciones sobre locución, periodismo, radiodifusión que, preliminarmente me las había impartido don Miguel A. Villa Vásquez en “Noticias y boleros” todo el año 1983”. “Tigre informa” era el noticiero. Juanito Alván era el operador retén, volante, atento a las faltas injustificadas de los otros. Habrá sido por esos meses que me convencí que lo mío era la comunicación. Y ahí recibí una indicación que me serviría para toda la vida: “Si quieres ser diferente, Jaime, vete a estudiar, el tiempo pasa rápido, en cinco años vuelves”. Eso me dijo una noche de bohemia Pepino Verea mientras me llevaba a dejar en mi casa de la Putumayo. Y eso se agradece, tanto como quien te ayuda en la infancia a dar los primeros pasos.
Y desde ese tiempo cada vez que puedo le busco y, a veces, le encuentro. La penúltima vez fue la víspera de una fecha importante. Nos tomamos decenas de pisco sour. Hablamos, gritamos, puteamos, ¿lloramos? Él sabe buena parte de la historia de esta ciudad. De los ciudadanos. Es una fuente inagotable de datos. Ha visto levantarse las empresas más importantes, los proyectos más enloquecidos, los empresarios más atrevidos, los operadores más pendejos, las esposas más tramposas y, cómo no podía ser de otra forma, los mariconcitos más privados que públicos que provocaban los delirios más alucinantes de sus padres más privados que públicos, además. Lo ha visto todo. No exagero.
Le pones un punto en el espacio y te lleva por el espacio-tiempo-histórico que solo su juvenil militancia aprista le confiere. Muchos no le soportan las groserías que profiere. Bah. Si la vida es una completa grosería, cholito, como le diría Silfo Alván del Castillo, ese empresario que sirvió a la dictadura, fue elegido alcalde en la democracia y murió intempestivamente a las pocas horas de haber dado el premio mayor en el FICA de 1992. El tigre, ese empresario-político, emergido desde la humildad de la venta de cerveza, luego gaseosa y que después se convertiría en pionero -gracias al impulso de Pepino- de la televisión privada en Iquitos.
Sigue grabando spots. Políticos, comerciales y benéficos. ¿Es lo mismo, no? Los políticos son comerciales, ¿no? Tienen algo de benéficos, ¿no? Ya no imita con la frecuencia de antes a los personajes urbanos. Ya no lee libretos. Los personajes imitables han desaparecido. Los libretos han pasado a mejor vida. Añora esos documentos llenos de pleoanasmos que garabateaba el padre Silvino Treceño Ríos para su “Pórtico Deportivo” y tenía que apelar a su inmaculada espontaneidad para que los oyentes no notáramos los vicios gramaticales. Eran esos tiempos en que la hipérbole era frecuente no por generación espontánea, sino por frase bien pensada. Y qué decir de los epítetos, esa habilidad para poner el adjetivo exacto al sustantivo y, sin querer queriendo, rendir tributo a esa manera a veces despreciada de colocar características a las personas o cosas. O, para no caer pesado, cuando la alegoría era tan bien usada que no se caía en la sobonería.
Pepino, simplemente Pepino. Así he querido llamar a este artículo porque una señorita locutora no se cansaba de repetir esa frase como un estribillo en el programa romántico de Radio Tigre allá por los años 90, quizás para congraciarse con el entonces director de una de las emisoras más importantes que tuvo Iquitos y que hoy no tiene garras, ni ganas, a pesar que desde sus inicios salió a rugir no por el tigre, apelativo con el que se conocía a Silfo Alván del Castillo, sino por la fuerza que le impregnó don José Ángel Verea Chávez, Pepino.
Seguro más temprano que tarde nos reencontraremos nuevamente para beber, hablar y dar rienda suelta a ese símbolo de la libertad: la palabra. Y nos comeremos el mundo, como se comen los pepinos en las mesas de Iquitos. Y, apelando a la chabacanería o huachafería, tendré que decir que, sin ser un recurso hidrobiológico, Pepino es una especie en extinción. “Charapa, ¿así?” respondería él mientras saborea el pisco sour más rico del mundo preparado por mi hermana Silvia.
P.D. Como muy pocas veces sucede, terminado el artículo he llamado a Pepino, hemos leído juntos lo escrito. Ha cambiado algunas cosas de forma y, un poco atrasadito, hemos celebrado aquel acontecimiento sucedido un 3 de octubre de 1951, es decir su nacimiento con un par de cervezas artesanales en “La Mona cafetería”. Es la que ilustra esta crónica. Salud”. Termina el escrito de Jaime Vásquez Valcárcel.
En efecto, muchas anécdotas, mucha experiencia de Pepino a lo largo de una vida dedicada a las comunicaciones. Siempre diligente para decir su verdad en culto, en bruto y en grosería. Un tipo fuera de serie. Descanse en paz, señor José Ángel Verea Chávez. Todavía estamos asimilando su partida.
(Diana López M.)

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