Iquitos y todos los pueblos de la Amazonía peruana están celebrando la festividad dedicada a San Juan Bautista y degustando el tradicional juane, el plato emblemático para la fecha, no faltando la tradicional chicha loretana, visitando las cercanías de ríos, lagos y lagunas, recordando que el santo, bautizaba a la gente en el río Jordán.
En esta nota, queremos recordar a quienes lo saben y decir a quienes nunca se han preocupado por saber quiénes son los protagonistas de la historia cristiana, que Juan, fue un predicador judío considerado como uno de sus profetas de tres religiones: Cristianismo, Islam y la Fe Bahai.
Por otro lado se especula que Juan el Bautista y quien sabe también Jesús de Nazaret, tenían relación con el movimiento judío llamado los esenios y que incluso pertenecían a esta secta, por lo que no se descarta que Juan haya recibido,  en  parte, su formación religiosa en esa comunidad.
Fue hijo de Zacarías y de su esposa Isabel, prima de María, la madre de Jesús.
Según Lucas (3. 1-3), Juan comenzó a predicar y a bautizar en  el desierto «el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba Judea, cuando Herodes era tetrarca de Galilea. Juan bautizó a Jesús.
Herodes, quien tenía como mujer a Herodías y ésta una hija llamada Salomé, decide vengarse de Juan el Bautista  porque éste rechazaba el matrimonio (la ley te prohíbe tener a la esposa de tu hermano).
A pesar de que Herodes no deseaba castigar a Juan, se ve obligado a cumplir una imprudente oferta a Salomé, cuyo baile ante los invitados a su banquete le ha complacido (pídeme lo que quieras y te lo daré). Asesorada por Herodías, Salomé le pide la cabeza del Bautista, que le es entregada en una bandeja.
El juane, por su forma, es una representación de la cabeza degollada de Juan. Muchos estudiosos de la historia antigua de nuestros pueblos aseguran que la gente de aquel tiempo pusieron al delicioso preparado  el  nombre que originalmente habría sido “Juan es”, que con el tiempo quedó en juane.
Iquitos, ya vive esta celebración, aunque alejada totalmente de la fe cristiana y de su inicial conmemoración, habiéndose convertido actualmente en una fiesta de francachelas.