Podría decirse que seguimos un sonsonete periodístico por la asiduidad como venimos reclamando una labor más agresiva en cuanto a seguridad ciudadana se refiere. Desde hace algo más  de  una década,  más o menos, la delincuencia viene incrementándose en nuestra ciudad en forma inusitada, como consecuencia indudable del éxodo de delincuentes avezados que por su frondoso prontuario delictivo, son fáciles  de identificar por la Policía Nacional, lo que dificulta su accionar delictivo en la capital  y los obliga a emigrar a provincias donde sus modalidades de sucio trabajo son desconocidos  y eso hace que actúen con éxito al aplicarlos en ciudades del interior del país, creando un serio problema a la policía que luce impotente en su lucha contra un mal que sigue creciendo, debido a una notable falta de efectivos, apoyo logístico y leyes severas que hagan sentir el rigor de la justicia.

 

Haciendo sólo un somero análisis sobre el tema, es fácil establecer que sin duda alguna, los cabecillas de las bandas que han asestado ya diferentes asaltos y sustracciones contra empresas y negocios exitosos de la ciudad, están informados o saben qué provincias han logrado un serio avance económico en su organización empresarial; y se dan a la tarea de diseñar un estratégico plan de acción,  cuyo resultado les resulta exitoso, dado a que son modalidades nunca antes empleadas en nuestro medio.

 

También la tranquilidad ciudadana se ha visto fracturada por la serie de atracos, en diversas modalidades que amenazan a diario a ciudadanos de diferente jaez económico o social, bastando ser un transeúnte normal y corriente para que corra el peligro de ser atacado por ladronzuelos de toda laya que muchas veces utilizan armas punzo cortantes, para amenazar a sus víctimas, sean estos mayores, jóvenes, ancianos, inclusive niños, sin que exista una plan coherente de acción que evite el disloque entre la actuación de la policía y los conformantes de Seguridad Ciudadana mediante el Serenazgo.

 

Se precisa señalar que existen  diversas formalidades que impiden una acción más certera en cuanto a la captura de delincuentes  se refiere; así tenemos que el hurto de un celular o un MP4 con  uso de la fuerza, dado a que la víctima se resiste a ser despojado de su artefacto, no conlleva ninguna sanción, ni siquiera detención, porque de acuerdo a ley,   el producto del robo no alcanza a la suma de las varias UIT en vigencia; y así  sucede con otros objetos que son sustraídos y no pasa nada, aunque la víctima haya sufrido heridas o contusiones leves pero que revisten peligro de infección.

 

En Iquitos hay zonas donde el delito de hurto es cosa cotidiana, dada la escasa dotación policial con que cuenta la jefatura de la PNP en Iquitos. Además hay muchas de esas zonas frágiles donde el hurto al escape de celulares, carteras, bolsos, joyas, etc. se da con mayor regularidad, siendo actualmente el robo por fractura de puertas o  muros el que viene desarrollándose con mayor frecuencia.

 

Estimamos que dada la urgencia de diseñar una estrategia adecuada para conjurar tan agudo problema, tanto la policía nacional, como las municipalidades, el ministerio público, el CONASEC, deberían elaborar en conjunto estadísticas, que una vez estudiadas  sirvan  para lograr establecer un mapa de criminalidad que permita un sistema adecuado de vigilancia que impida la expansión del crimen, que debe ser sancionado mediante leyes más severas y que vayan más a favor de la ciudadanía inerme que del delincuente, sea este primario o avezado en su sucio proceder.