Hospital herido

Parece mentira, pero fue hace 20 años cuando estuvimos de pacientes en el Hospital Regional de Loreto, y hemos regresado a sus pisos de hospitalización con la emoción de recorrer lo antes vivido, pero terminamos deprimidos.
En los pasillos, en los diversos pisos, en la capilla, en la amplia cocina, parece que los años no hubieran pasado; es más, hay ambientes que parece vinieran de muchos años más de uso, y es que será la falta de mantenimiento que la hacen ver más vetusta de lo que realmente es.
La sensación es de una inmensa infraestructura maltratada. Y a decir de lo que sucede diariamente en este nosocomio regional, no hemos avanzado en materia de salud en la misma medida de los recursos económicos que ingresaron por canon petrolero hasta el año 2014.
Con millonaria inversión que se ha ido a cuántos bolsillos de forma “legal” con proyectos de equipamiento que duraron poco, con piezas que no correspondían, o materiales que no respondían a las especificaciones técnicas de los pedidos de las áreas.
De acuerdo a cómo fue diseñado era un hospital completo de la que muchos médicos se sintieron orgullosos, pero al paso de los años se fueron desengañando no solo por las aberraciones cometidas por gobernantes de turno, sino por los errores propios de quienes internamente tendrían que haberla honrado.
Cuántos escándalos ha soportado de malos manejos administrativos internos por parte de funcionarios de gestiones de paso, pero coludidos con cierto personal interno e incluso hasta involucrando a dirigencias sindicales.
Contrario a esto felizmente están ahí los que luchan por hacer de su centro de labores un espacio donde los servicios que brindan sean dados de la mejor manera, y que en este caso los clientes-pacientes salgan satisfechos. No serán muchos, pero existen.
El hospital regional desde adentro duele porque le costó a todo Loreto, le costó un enorme presupuesto que no justifica lo que se ve hoy, ni siquiera lo que se vio antes. Su estado ha sido siempre precario no por falta de recursos, sino, por malos manejos. Pero, mientras hay vida, todavía hay esperanzas.

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