Grito al aire

Al margen de las diferencias de opiniones que pueda existir sobre el tema del proyecto constructivo del aeropuerto internacional de Chincheros, en la ciudad del Cusco, como en el resto de capitales provinciales del país, a excepción de Lima, va circulando la percepción de que Lima la malogra casi siempre, en su afán centralista.
Esa marca tan dañina del desarrollo descentralizado del país está impregnada en cada acto que los gobiernos centrales de turno realizan. Los cusqueños en general, y no es para menos, ante la anulación del contrato han dado el grito al cielo. Figurativamente ese cielo que debería estar despejado para un proyecto ambicioso que beneficiará a miles de peruanos en esa zona.
Algunas voces desde allá señalan que el proyecto debe ser solo con inversión de capitales estatales y sin intervención privada, donde parece se ha manoseado el tema al presumirse cierto favoritismo a la contratista con cuyo presupuesto no ha intervenido en las etapas iniciales del proyecto, según ciertos entendidos.
Para el gobierno el tema es correcto y que el país estaría ahorrando con la intervención de la empresa privada. Y como propuesta que más que técnica, es una reacción a la impotencia, desde el Cuzco exigen les devuelvan las miles de hectáreas de terreno donde se proyecta construir el aeropuerto, para que sean los propios cuzqueños que la hagan realidad.
Bueno, si fuéramos estados federales y no tendríamos el ordenamiento geopolítico de divisiones en regiones, esa iniciativa tendría un marco jurídico, sería viable y casi seguro que sería la solución, porque los devoradores intereses económicos que se presume se «cocinan» desde la capital, nos pone freno al desarrollo en las regiones.
Y como era de suponerse, por un tema de principio y ética, ante el fracaso del contrato de Chinchero, el vicepresidente Martín Vizcarra y hoy ya ex ministro de Transportes, tras su renuncia, ha dejado constancia de cómo se actúa con decencia y auto respeto, pero lo que nos falta a todos en general es ser gratos con quiénes le han dedicado más de su tiempo valioso a un objetivo. Pero, como nada es perfecto, en alguna parte se malogra.
El vicepresidente Vizcarra pensamos que ha actuado a la altura de las circunstancias con su renuncia a la cartera de Transportes y Comunicaciones. Pero, tenemos que aprender a diferenciar las cosas, una es su desempeño profesional y en eso todos coinciden que es excelente; y otra cosa es que ha cargado un «bulto» muy pesado imposible de sostenerse técnica y políticamente.

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