• A 142 años de su desaparición


“Ya se va el crucero Lima
Todo cubierto de luto,
Recorriendo aguas chilenas
En busca de Miguel Grau”.
Vals Las Cautivas

Compartir algunos pasajes notables de la existencia del Gran Almirante es muy relevante, para poder adentrarnos en su humanidad abarcando aspectos sutilmente conocidos pero que denotan el gran personaje que nos ha entregado la historia y la responsabilidad de enfatizar en su trascendencia teniendo en cuenta la impronta marcada. Acompáñenme hoy que celebramos la gesta de Angamos en su 142º aniversario, a rememorar estos episodios.
Es Grau al nacer en Mercaderes Nº662 en la soleada Piura y luego de niño en la porteña Paita, donde bajo la mirada atenta de su padre se sumerge en aquel que sería su espacio de juego y luego se convirtiera en su postrera tumba: EL MAR. Su compleja vida alejado de la madre lo lleva a vivir con intensidad su rol de paje a bordo, mecido por las olas, llevando recados de un lugar a otro, mirando el horizonte para encontrar rumbo, corriendo de proa a popa y de babor a estribor, trepando la cofa, el mayor y el trinquete del Tescua, impregnada de sal su piel nace el marino marinero, galardón que ostentaría hasta el último momento de su azarosa vida.
A los 19 años es aceptado como guardiamarina en la Armada Peruana con la anuencia de su padre siendo destinado al Rímac que posteriormente se llamará Noel.
En octubre de 1854 lo recibe el pailebote Vigilante y posteriormente el Ucayali. Así inicia Grau una carrera exitosa pero expuesta, basado en lo complejo de la situación política del país. Ascensos, rebeldía como aquella contra la contratación del Comodoro John Tucker acompañado de Manuel Ferreyros, Aurelio García y García y Lizardo Montero, juicio, prisión y absolución. Grau y los oficiales en desacuerdo fueron sometidos ante un tribunal militar compuesto por los más brillantes oficiales de la época, bajo la presidencia del gran mariscal Antonio Gutiérrez de la Fuente. Luciano Benjamín Cisneros, uno de los más importantes abogados y oradores de la época, se encargó de la defensa de Grau.
Condiciones que a cualquier otro le hubiese hecho desistir de cualquier emprendimiento, pero a Miguel María no. Estos vaivenes representaban para él el cumplimiento de su compromiso, repitiéndose constantemente una sentencia “el deber no es una carga; es la fidelidad a íntimos convencimientos y creencias” actuando en consecuencia y así lo evidencia día a día cumpliendo sus obligaciones de forma natural y sencilla tal como lo registra Don José Agustín de la Puente Candamo en su obra Miguel Grau.
Imaginarnos a Grau vestido en traje de civil a la usanza de la segunda mitad del siglo 19 nos parecerá imposible y mucho menos puesto de pie debatiendo con sus pares en el Parlamento nacional. Elegido en forma unánime Diputado por Paita, juramenta el 4 de agosto de 1876, dejando el comando del Huáscar al Capitán de Navío Federico Alzamora, iniciando así una incesante actividad como político que no estuvo fundamentada en arrebatos o manifestaciones de último momento sino una bien fundada actitud coherente y consistente como con lo sucedido en el rechazo de la revolución encabezada por los hermanos Gutiérrez nos dice Teodoro Hampe Martínez, en su obra Miguel Grau, Protagonista Político. En su quehacer como parlamentario fue miembro de varías comisiones, no sólo la de Marina la cual llegó a presidir y no solamente se dedicó a ver temas de la provincia por la cual fue electo sino también impulsó proyectos a favor de Madre de Dios, Moquegua y Lima entre otros. Tuvo enorme preocupación por el sueldo de los oficiales y de la marinería. Durante esta etapa de su vida tuvo una acción que lo vincula con nuestra Amazonia: mediante Dictamen de la Comisión de Marina del 3 de Noviembre de 1876 propone la resolución del Congreso para que se reconozca pensión de montepío a los familiares del Alférez de Fragata Alberto Westt quien falleciera al servicio de la República en exploración de las regiones amazónicas al igual que el Alférez de Fragata Juan Antonio Távara.
Su vida marcada por episodios vigorosamente profundos y por roles múltiples en los que siempre destacó: marino, padre afectuoso, esposo íntegro, político vigoroso, lo cual resalta su humanidad, que muchas veces se ve nublada porque solo se escribe de él, como el innegable héroe que es. Estos momentos que vive intensamente desde su precocidad, forjan en Grau el carácter que supo imprimir en cada uno de sus actos hasta morar en la gloria.
Mayo 21 Iquique. “Tripulantes del Huáscar: ha llegado la hora de castigar al enemigo de la Patria y espero lo sabréis hacer, cosechando nuevos laureles y nuevas glorias dignas de brillar al lado de Junín, Ayacucho, Abtao y 2 de Mayo. ¡Viva el Perú!” arenga Don Miguel a su tripulación antes del combate que detalla con precisión el periodista Julio Octavio Reyes quien fuera corresponsal en el Huáscar del periódico Opinión Nacional.
Con justicia lleva el título que la posteridad le ha dado “el Caballero de los Mares”, bautizado así en la aguas de Iquique al salvar a los náufragos de la Esmeralda y a decir del Doctor Mario Sotillo Humire ex docente y Rector de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, este noble título lo consiguió al preferir el espíritu humanitario y magnánimo, al precepto común de “actuar en la guerra como la guerra”, así como también desprenderse de trofeos de incalculable valor para cualquier guerrero, enviándolos acompañados de una carta escrita al ancla a la viuda de Prat donde se conduele del dolor que le podía causar la misiva, en segundo lugar reconoce el valor y arrojo de su adversario y finalmente le expresa sus condolencias; viene luego el intercambio epistolar la respuesta de Carmela Carvajal viuda de Prat lo arma de caballero al escribir “Profundamente reconocida por la caballerosidad de su procedimiento hacia mi persona y por las nobles palabras con que se digna honrar la memoria de mi esposo, me ofrezco muy respetuosamente de usted atenta”. He ahí el único Caballero de los Mares que ha producido América.
Angamos 08 de Octubre, 09:50 de la mañana se abre el camino a la gloria, muerto el Contralmirante Grau su obra cobra relevancia, lo suceden en el liderazgo cumpliendo con decencia la tradición de las armas “el comando nunca muere”, el Capitán de Fragata Elías Aguirre Romero, el Teniente Primero José Melitón Rodríguez y el Teniente Primero Pedro Gárezon Thomas quienes honraron a su comandante utilizando su maniobra favorita con el monitor: cañonear, embestir y entrar al espolón. El combate desigual de siete contra uno va inclinando la balanza. Gárezon al ver lo complicado de la situación y sólo teniendo dos alternativas o rendirse o hundir al Huáscar decide con una mezcla de dolor y fervor patriótico por lo segundo y ordena al alférez Ricardo Herrera que transmita la orden al norteamericano Mc Mahon que se abran las válvulas para que el buque se vaya a pique. El Huáscar comenzó a inundarse.
César Hildebrandt en su artículo “Miguel Grau prestó un gran servicio a la autoestima de este país tan ingrato” señala que fuentes militares le indicaron que el almirante pudo aumentar la presión de las válvulas cinco horas antes del Combate de Angamos y ello pudo cambiar la historia.
Hildebrant con relación a ello nos dice: “No habría cambiado nada. Tarde o temprano, el Cochrane y el Blanco Encalada, tres veces más poderosos que el Huáscar, emboscarían al más ejemplar de los peruanos. Y así fue. La escuadra casi completa del enemigo cercó al Huáscar y Grau, como quienes murieron como él aquella mañana decisiva, asumieron la tarea más digna que la condición humana nos puede demandar: morir con dignidad”.
Es en ese Huáscar inundándose en el que habían convergido un hermoso crisol de razas y nacionalidades, los camaradas de Grau, la tripulación de Grau, los chalacos, sechuranos, paiteños, huantinos, chiclayanos, cañetanos, limeños, tumbesinos, ayacuchanos así como los norteamericanos e ingleses, alemanes, franceses, daneses y noruegos, conformando la dotación, donde el comandante del Huáscar lidera un grupo de la más elevada calidad moral, ratificado así por el Guardiamarina Carlos Benjamín Tizón La Rosa “…Nadie huyó, papá…..ni un solo cobarde tuvimos” relata en misiva dirigida a su padre que fuera publicada en el diario El Peruano el 14 de Noviembre de 1879.
Así Grau y esa legión de guerreros legaron a nuestra gloriosa Marina peruana el estandarte que hoy encumbra a 200 años de su creación cumpliendo a cabalidad las tareas asignadas en donde destacan su profundo compromiso por el desarrollo del país, manteniéndose alerta para neutralizar cualquier amenaza que atente contra nuestra soberanía y en el frente interno contra aquellas que pretendan menoscabar la democracia, la seguridad y el orden establecido.
En la Amazonía su presencia más que centenaria se plasmó con las acciones de Alzamora, Espinar, Távara, West, Stiglich, Alvariño, Larrea y Clavero entre muchos otros quienes han dejado la estela que los marinos de hoy sabrán seguir con la misma generosidad y entrega que la patria les demanda.
Honor y gloria al Gran Almirante, admiración y respeto a la Marina de Guerra en este día de especial significación, que nos permite recordar lo sucedido para fortalecer los valores que el Perú necesita y que deben ser la constante para salir de las dificultades que hoy vivimos, arremanguémonos y pongámonos a trabajar para dejar nuestro país en mejores condiciones de lo que lo encontramos, ese es nuestro reto, el Perú lo necesita, Grau con su dignísimo ejemplo nos lo exige.
Menotti Juan Yáñez Ramírez

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