Quizás muchas personas fuimos las que no vimos el partido entre nuestra selección nacional de fútbol y la de Venezuela, pero bastaba con escuchar los gritos, suspiros, risas, comentarios, y cuanto ruido sugerente emitido por potentes vozarrones, para imaginarnos el encuentro.
Los dos goles que metió Perú y otro que tapó a su favor han sido los momentos más suspirantes de la jornada para aspirar a ser partícipes del próximo mundial de fútbol y es que los sueños muchas veces se hacen realidad, y por supuesto que es el grito de toda una nación.
Los goles nos reflejan muchas virtudes como por ejemplo que es capaz de provocar abrazar a una persona con la que no te llevas muy bien, o a olvidar la ofensa de tu vecino y abrazarse para gritar juntos el gooollll, tras cada pasada de la pelota llegando al fondo de la malla.
Los reflejos de los goles nos llevan además a gozar de un momento olvidándonos de lo que nos pudiera estar angustiando, casi dos horas de paraíso concentrados en el desenvolvimiento de los jugadores a los que quisiéramos besar, abrazar, y decirles que nos han devuelto las esperanzas.
Es tan profundo el sentimiento que tenemos por asistir a un mundial, que aun no interesándonos mucho el deporte del balompié lo vivimos obligatoriamente por los gritos desenfrenados de quienes están frente al televisor, que se acentúa cada vez que está a punto de concretarse un gol.
Es un escenario de alegría genuina, que la verdad terminamos amando el fútbol por un momento, tan solo con la idea de que si todos los días hubieran este tipo de partidos, nuestras relaciones sociales, familiares, amicales, laborales, serían más llevaderas y felices.
Hagamos el ejercicio mental de llevar tolerancia y buenas vibras en el día a día, para que con fútbol o sin fútbol, con goles o sin goles, con poco, con mucho o con un poquito de lo material y lo mucho de emocional, le metamos gol a la vida y le ganemos por goleada a todo lo que nos agobia y sigamos luchando con optimismo y buen humor. Que el próximo partido cuales fueran los resultados, no nos quiten las virtudes que generan los goles del fútbol.

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